Hace más de tres mil años, cuando los hielos empezaron a retirarse de estas tierras después de la última glaciación, los supervivientes bajaron de las montañas y se establecieron en un inmenso roquedal con forma de meseta triangular y vértice al norte al que llamaron con el topónimo de “Iak” (roca, en la cultura íbera). Sus habitantes, conocidos entonces con el gentilicio de “iakesses”, fundaron una ciudad estado amurallada con escritura, moneda propia y centro en la actual plaza de San Pedro, donde manaba el agua. Sus territorios, según Estrabón, abarcaban desde el río Irati al oeste hasta el Gállego al este; los Pirineos al norte y la Sierra de la Peña al sur.








