Era tradición, y todavía sigue siéndolo en numerosas localidades de Aragón, celebrar la llegada de la primavera con el canto de los mayos en la noche del treinta de abril al uno de mayo. Los mozos recorrían las calles rondando con sus instrumentos a las mozas casaderas. El repertorio utilizado era amplio y diverso, destacando especialmente en estos días aquellos alegres cantos, con gran melodiosidad, que acentúan el comienzo de la primavera, contenido textual que se entremezcla hábilmente con el de los encantos que se les atribuía a las mozas o mayas rondadas.








