Una obra tan insegura como el recrecimiento de Yesa, con episodios tan torrenciales como los ocurridos en Valencia, podría resultar una bomba de gran potencial destructivo. Debemos asumir que estamos ante un nuevo mundo y que esta gran obra hidráulica forma parte del esquema de uno viejo que ya no existe. La apuesta por un desarrollo sostenible en el planeta debe incluir, también en este caso, medidas de retirada estratégica.




