Una firma en árabe de Pedro I. Una maldición escrita hace más de nueve siglos para quien se atreviera a incumplir una concesión de Alfonso I el Batallador. Un pergamino concebido para ser partido físicamente en dos y demostrar después su autenticidad haciendo coincidir ambas mitades. La regulación de un mercado semanal. El número de jurados que debían gobernar Jaca. Los derechos de quienes llegaban a poblarla. Los límites de una diócesis. Una casa situada en la antigua calle de la Zapatería Negra. Son pequeños detalles dispersos entre documentos solemnes, pero quizá sea precisamente en ellos donde la Edad Media deja de parecer una época remota y empieza a convertirse en una ciudad viva.








