Muchos ciudadanos españoles nos escandalizamos cuando, el pasado 31 de marzo, miles de personas presentes en el estadio de Cornellà (Barcelona) corearon gritos islamófobos (“musulmán el que no bote”) durante el partido amistoso de fútbol entre las selecciones de España y Egipto. Aunque estamos acostumbrados a que grupos minoritarios muestren comportamientos racistas en acontecimientos deportivos, esta vez sorprendió la cantidad de público que coreó el infame cántico. Sectores enteros del graderío botaron contra los musulmanes de ambos equipos. El suceso trajo a colación el recuerdo de los gravísimos incidentes de Torre Pacheco (Murcia) de julio del año pasado, incluidas cacerías de inmigrantes magrebíes jaleadas y llevadas a cabo por grupos de ultraderecha.

