Uno de los lugares comunes de la política autonómica es que Aragón ha sido históricamente una tierra de pactos. Dentro y fuera de la Comunidad Autónoma se ha reconocido la capacidad de los aragoneses y sus políticos de crear consensos y alcanzar acuerdos, ya fuera por necesidad –como consecuencia de la fragmentación de las Cortes– o por una supuesta cultura política compartida por los habitantes de estas tierras que se remonta varios siglos atrás.








