La silueta de la Peña Oroel forma parte del paisaje cotidiano de Jaca, pero también de su identidad. Visible desde prácticamente cualquier punto de la ciudad, su perfil recortado hacia el sur no es solo una referencia geográfica, sino un símbolo que desde hace siglos trasciende generaciones. Subir a su cruz —a 1.769 metros de altitud— es, para muchos jaqueses, una experiencia iniciática, casi un rito que conecta con el territorio y la propia identidad personal.
Ese vínculo emocional con Oroel es el que da sentido a la iniciativa impulsada por Quique Grávalos, vecino de Jaca afectado por la enfermedad degenerativa de Duchenne, que ha lanzado una campaña de recaudación de fondos para hacer realidad un reto personal y colectivo: alcanzar la cruz de la Peña Oroel con una silla adaptada y abrir el camino a que otras personas con movilidad reducida puedan hacerlo en el futuro.








