Domingo 23 de agosto. Jaca llena de caminantes y mucha gente de los pueblos llenando las calles. Unos están para disfrutar de su vermú; otros, para tratar de luchar por lo suyo. Veo la plaza Biscós llena. Eso me saca una sonrisa. Es cierto que el calor es sofocante, como casi todas las tardes en esa paella de cemento que es la plaza Biscós —pero ese es otro tema—. El cuerpo no me aguanta para estar todo el tiempo al sol, así que me infiltro entre los veraneantes y me siento en mi bar de toda la temporada a pillar un agua.








