La originalidad ha sido durante mucho tiempo uno de los grandes mitos de la cultura moderna. Nos gusta imaginarla como una especie de aparición divina: una idea que no se parece a nada anterior, una obra que surge desde cero, una forma radicalmente nueva de mirar el mundo. La irrupción de la IA (inteligencia artificial) incómoda también por eso, porque vuelve mucho más difícil seguir sosteniendo esa fantasía.








