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Etiqueta: Javier Cano

La IA como aliada de las PYMES

Durante años, muchas pequeñas empresas han competido en desventaja. No por falta de talento ni de conocimiento del mercado, sino por falta de medios. Una gran compañía podía pagar estudios de mercado, comunicación, diseño, atención al cliente, análisis de datos o sistemas de automatización. Una PYME, en cambio, tenía que resolver todo eso con muchos menos recursos.

La productividad que sí importa

En el artículo anterior hablaba de los costes que pueden acompañar a las grandes revoluciones tecnológicas. Hoy disfrutamos los beneficios de la revolución industrial, pero muchas personas pagaron un precio enorme antes de que llegara ese bienestar. Con la IA conviene tener presente esa lección.

La IA y el coste de las grandes revoluciones

Solemos recordar la revolución industrial como una historia de progreso. Y lo fue. Cambió la producción, multiplicó la riqueza, alargó la esperanza de vida y abrió el camino al mundo moderno. Pero esa mirada tiene trampa: observamos el resultado desde la comodidad del presente, no desde la dureza de quienes vivieron su desarrollo.

La comodidad de no decidir

La IA (inteligencia artificial) nos ayuda a escribir, resumir, comparar, traducir, organizar ideas y tomar decisiones. En pocos segundos hace tareas que antes exigían tiempo, esfuerzo y concentración. Esa comodidad explica buena parte de su éxito. Pero también abre una pregunta incómoda: ¿qué ocurre cuando empezamos a delegar no solo el trabajo, sino también la capacidad de pensar por nuestra cuenta?

Agentes de IA: el principio del fin de navegar por internet

Durante años, internet ha funcionado alrededor de un gesto muy concreto: buscar, entrar en una web, comparar, leer, comprar, reservar o rellenar un formulario. Ese modelo ya está cambiando. La IA (inteligencia artificial) no solo responde preguntas. Empieza a actuar por nosotros: busca, compara, recomienda, reserva y ejecuta tareas que antes exigían navegar durante minutos u horas.

La nueva geopolítica de la IA

La IA (inteligencia artificial) ya no es solo una carrera tecnológica entre empresas. Empieza a ser una cuestión de poder entre Estados. A medida que algunos modelos ganan capacidad, los gobiernos dejan de verlos como productos comerciales y empiezan a tratarlos como recursos estratégicos. El caso de Fable 5 y Mythos 5, dos herramientas de Anthropic, es un ejemplo claro.

La Administración ante el espejo de la IA

Hace unas semanas se presentó en Miami una IA capaz de comprobar, en menos de diez segundos, si una solicitud de licencia de obra está completa y cumple los requisitos para su aprobación. No sustituye al técnico municipal ni autoriza por sí sola proyectos complejos, pero detecta documentos ausentes, errores e incumplimientos antes de que el expediente pase a la revisión técnica.

El nuevo poder de las tecnológicas

Mucha gente piensa que la IA es una aplicación que responde preguntas o genera textos. En realidad, es mucho más, y para sostenerse necesita modelos, centros de datos, chips, energía, talento, capital y distribución global. Esa combinación exige una escala enorme. Por eso el poder no se reparte de forma equilibrada. Se acumula alrededor de unas pocas tecnológicas capaces de financiar modelos avanzados.

¿Quién paga el Estado del bienestar si desaparecen las nóminas?

Durante décadas, el Estado del bienestar se ha financiado sobre una estructura muy clara: empleo, salarios, cotizaciones y consumo. Las nóminas generan IRPF, las empresas aportan cotizaciones y el consumo sostiene una parte importante de la recaudación. De ahí salen buena parte de los recursos que pagan sanidad, educación, pensiones o ayudas públicas. Si la IA reduce el peso del empleo, debilita la base principal sobre la que se sustenta el sistema.

La economía hecha por humanos

En el artículo anterior planteaba que, si la IA (inteligencia artificial) reduce la necesidad de trabajo humano, no solo cambiará el empleo. También cambiará la forma en que organizamos la sociedad. Otra consecuencia es que, si una máquina puede producir casi cualquier cosa, la fabricación manual cambiará su valor. No porque sea siempre mejor, sino porque ya no será lo habitual.