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Etiqueta: Inteligencia Artificial

¿Quién paga el Estado del bienestar si desaparecen las nóminas?

Durante décadas, el Estado del bienestar se ha financiado sobre una estructura muy clara: empleo, salarios, cotizaciones y consumo. Las nóminas generan IRPF, las empresas aportan cotizaciones y el consumo sostiene una parte importante de la recaudación. De ahí salen buena parte de los recursos que pagan sanidad, educación, pensiones o ayudas públicas. Si la IA reduce el peso del empleo, debilita la base principal sobre la que se sustenta el sistema.

JOSÉ IGNACIO IGUARBE | “La tecnología no sustituye a lo sagrado, sino que lo reformula”

La Sala Burnao de la Ciudadela de Jaca acoge desde este lunes la exposición «Sacrum & Code», una propuesta artística de José Ignacio Iguarbe que difícilmente encaja en las categorías convencionales. Aúna la fotografía, el arte bizantino, el uso de materiales nobles como el pan de oro, la manipulación digital y la inteligencia artificial. Todo ello confluye en una muestra que busca tender un puente entre dos universos separados por siglos, pero unidos por una misma voluntad de representar el mundo y reflexionar sobre él.

La economía hecha por humanos

En el artículo anterior planteaba que, si la IA (inteligencia artificial) reduce la necesidad de trabajo humano, no solo cambiará el empleo. También cambiará la forma en que organizamos la sociedad. Otra consecuencia es que, si una máquina puede producir casi cualquier cosa, la fabricación manual cambiará su valor. No porque sea siempre mejor, sino porque ya no será lo habitual.

La sociedad después del trabajo

Durante siglos, el trabajo ha sido mucho más que una forma de ganarse la vida. Ha definido posición social, reconocimiento, así como la manera en que nos presentamos ante la sociedad Cuando conocemos a alguien, le solemos preguntar a qué se dedica, como si esa respuesta pudiera resumir la esencia de nuestro interlocutor. No decimos solo “trabajo como mecánico”. Decimos “soy mecánico”. Porque el empleo no ha sido únicamente una actividad económica, sino una de las formas más habituales de construir nuestra identidad.

La responsabilidad de crear en la era de la IA

Hay un aspecto de la IA (inteligencia artificial) que suele quedar en segundo plano: la responsabilidad. Hablamos mucho de si la máquina crea, de cómo cambia el oficio o de qué sucede con la originalidad, pero bastante menos de las consecuencias de producir y difundir contenidos con una facilidad inédita.

Hasta ahora, la dificultad técnica actuaba como una barrera. No cualquiera podía elaborar una imagen convincente, un diseño profesional o un texto solvente. Esa dificultad no garantizaba rigor ni honestidad, pero sí introducía cierta fricción. Había aprendizaje, tiempo e implicación. La facilidad actual para producir contenido altera ese equilibrio. Cuando una herramienta permite generar en segundos materiales que antes exigían conocimientos concretos o largos procesos, también cambia la relación entre quien produce y lo que pone en circulación.

La autoría en la era de la IA

Hasta ahora, atribuir una obra resultaba relativamente sencillo. Podían discutirse las influencias, las referencias o los préstamos, pero seguía habiendo una figura clara a la que atribuir el resultado. La IA introduce un cambio de lógica: el resultado ya no nace del todo de una ejecución directa, pero tampoco de una voluntad autónoma. Y esa zona intermedia obliga a replantear cómo entendemos la autoría.

La IA y el mito de la originalidad

La originalidad ha sido durante mucho tiempo uno de los grandes mitos de la cultura moderna. Nos gusta imaginarla como una especie de aparición divina: una idea que no se parece a nada anterior, una obra que surge desde cero, una forma radicalmente nueva de mirar el mundo. La irrupción de la IA (inteligencia artificial) incómoda también por eso, porque vuelve mucho más difícil seguir sosteniendo esa fantasía.

La gran devaluación de la creatividad

La irrupción de la inteligencia artificial ha desplazado el foco del debate creativo: ya no se trata de si las máquinas pueden crear, sino de qué ocurre cuando crear deja de ser excepcional y pasa a ser accesible para todos. En este nuevo escenario, la abundancia de imágenes, textos y músicas no elimina la creatividad, pero sí diluye el valor de la mera producción, obligando a replantear los criterios de relevancia. La diferencia ya no está en generar, sino en seleccionar, orientar y sostener una voz propia capaz de destacar en un entorno saturado, donde el verdadero talento se mide cada vez más por la mirada, la intención y la coherencia.

La IA no cambia el arte, pero sí el oficio de crear

La irrupción de la inteligencia artificial no elimina la creatividad, pero sí transforma profundamente el oficio de crear al desplazar el valor desde la destreza técnica hacia el criterio, la intención y la capacidad de dirección artística; en un contexto donde la ejecución puede automatizarse, el mérito creativo se redefine en torno a la mirada propia, la selección y la responsabilidad sobre lo producido, abriendo un debate que afecta tanto a la autoría como al reconocimiento profesional y que obliga a repensar qué aportamos realmente cuando hacer, por sí solo, ya no basta

La nueva frontera de la creatividad

Cada vez que una tecnología entra en el terreno de la creación, reaparece el mismo temor: que el oficio pierda valor, que la autenticidad se diluya y que la técnica invada un espacio que considerábamos profundamente humano. Hoy ese debate vuelve con la IA (inteligencia artificial). Pero la historia de la cultura sugiere que conviene mirarlo con menos alarma y más perspectiva.