Durante décadas, el Estado del bienestar se ha financiado sobre una estructura muy clara: empleo, salarios, cotizaciones y consumo. Las nóminas generan IRPF, las empresas aportan cotizaciones y el consumo sostiene una parte importante de la recaudación. De ahí salen buena parte de los recursos que pagan sanidad, educación, pensiones o ayudas públicas. Si la IA reduce el peso del empleo, debilita la base principal sobre la que se sustenta el sistema.








