¿Y si pudiéramos predecir los efectos de un fármaco sin necesidad de probarlo primero en humanos? La IA está empezando a hacerlo posible, y eso podría cambiar para siempre la manera en que entendemos los ensayos clínicos.
¿Y si pudiéramos predecir los efectos de un fármaco sin necesidad de probarlo primero en humanos? La IA está empezando a hacerlo posible, y eso podría cambiar para siempre la manera en que entendemos los ensayos clínicos.
¿Y si los nuevos medicamentos no los inventan personas, sino algoritmos? El diseño de fármacos está entrando en una fase completamente nueva. La IA (inteligencia artificial) no solo acelera el proceso, sino que empieza a marcar el camino.
La inteligencia artificial está empezando a diagnosticar mejor que los propios médicos. Lo que hasta hace nada parecía ciencia ficción, hoy obliga a reformular preguntas incómodas: ¿qué papel debe tener el ser humano en un sistema donde la tecnología acierta más?
La Unión Europea quiere una IA hecha en casa, con principios propios y sin depender de gigantes extranjeros. Pero entre la narrativa y la realidad hay una brecha de infraestructura, financiación y visión que no deja de crecer.
Los coches autónomos ya no son una promesa lejana. Mientras en Europa seguimos atrapados en debates regulatorios, en Estados Unidos circulan a diario, y en Asia se ensayan a gran escala como solución a problemas demográficos y logísticos. ¿Estamos preparados para dejar de conducir?
Gannett, el mayor grupo editorial de prensa escrita en EE. UU., lanza una herramienta de IA que permite al lector conversar directamente con el contenido. Una apuesta por recuperar el control informativo en tiempos de modelos opacos y plataformas externas.
En las últimas décadas, el poder ha dejado de concentrarse en los gobiernos para pasar a estructuras invisibles: redes que toman decisiones desde la sombra, sin supervisión ni transparencia. Un nuevo orden que avanza, mientras seguimos interpretando el presente con claves del pasado.
La velocidad de la tecnología ha dejado a los Estados atrás, atrapados en marcos legales propios del siglo pasado. Mientras el poder se escribe en código, la soberanía se disuelve entre algoritmos.
Las grandes tecnológicas están desafiando las estructuras tradicionales del poder, al asumir el control de infraestructuras clave como la energía, los datos o la IA. Con ello, están redefiniendo el concepto de soberanía nacional y transformando la esencia misma del Estado moderno.