Jaca volvió a reconocerse a sí misma en la celebración del Primer Viernes de Mayo, en una jornada marcada por la alta participación, la intensidad emocional y una sensación general de éxito que fue creciendo a medida que avanzaba el día. La amenaza de lluvia, presente desde primera hora, no llegó a alterar el desarrollo de los actos y acabó convirtiéndose en un elemento más del relato: una tensión que se disipó justo a tiempo para que el himno sonara bajo el sol, en una imagen que muchos interpretaron como símbolo de continuidad.








