Ante la protesta de las mujeres inglesas por el racionamiento de los cigarrillos, se encoge el ánimo de quienes, como yo, vivieron su infancia en el Campo de Gibraltar. Entonces Inglaterra fumaba…
Gibraltar era el paraíso del fumador. En sus tabaquerías Moisés, José o Mr. Iliosi, judío, indio o maltes, entusiastas súbditos del Rey Eduardo, vendían toda clase de labores, desde la “libra” cubana a la cajita de cien “dimitrinos” por cuatro pesetas. Las cerillas de papel y de madera se regalaban al comprador; y aquellas que se llamaban de “ojo de pájaro”, en unas cajas blancas enormes, costaban treinta céntimos.





