El deber de esta hora dolorida es el de servir a la solidaridad de los españoles, como mandato sagrado del que tan larga y plenísimamente se entregó a la Patria y ya está sometido al juicio de Dios. España fue grande, de universal misión. Alumbró mundos, trazó posturas morales de modelo imprescriptible. Pero a la vez no supo renovarse en las grandes horas nuevas de un mundo cambiante.