Miguel Ramón Henares, amigo, fotógrafo y, sobre todo, una gran persona, falleció el Viernes Santo a los 81 años. Esta vez no pudo acudir con su cámara a la procesión, ni detenerse ante la mirada del Cristo de Biscós —uno de sus preferidos— mientras los hermanos de la Real Cofradía de la Sangre de Cristo lo mecían sobre sus hombros. Tampoco pudo inmortalizar el homenaje que los hermanos de La Soledad rindieron al deán Valentín Garcés, fallecido el pasado mes de febrero. Pienso ahora en ese instante, en la Virgen avanzando con su leve balanceo antes de incorporarse a la procesión, y reconforta imaginar que, de algún modo, también estaba participando de ese momento.








