Cada vez que una tecnología ha automatizado una capacidad física, técnica o artesanal, el ser humano ha desplazado su valor hacia niveles más altos de abstracción. Cuando la máquina asumió la fuerza, la precisión o la repetición, las personas dejaron de estar tan ligadas a la ejecución y pudieron concentrarse en concebir, decidir y dirigir. En ese marco debe entenderse también la IA (inteligencia artificial). Aunque hoy no sea creativa en sentido humano, sí nos permite soltar parte de la ejecución para centrarnos más en la intención, el criterio y el propósito.








