La plaza de la Catedral cuando la ciudad todavía duerme, sus arcos liberados por unas horas de terrazas y sombrillas, el pavimento mojado devolviendo los reflejos de la noche; la Ciudadela y sus garitas; el paseo de la Constitución cubierto de nieve; la silueta de Oroel; los caminos de Canfranc, Estiviellas o las luces que aparecen en la montaña cuando cae la oscuridad. Son lugares conocidos, algunos recorridos casi a diario, pero María Luisa —Marisa— Verdugo intenta contemplarlos de otra manera. No se trata tanto de reproducirlos como de descubrir qué sucede en ellos cuando cambian la luz, la estación del año o el punto desde el que son observados.







