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En el corazón de la bestia (Heart of the Beast, 2026)

Duración: 101 min. País: Estados Unidos. Dirección:David Ayer. Guion: Cameron Alexander. Reparto: Brad Pitt, J.K. Simmons, Anna Lambe. Música:Jared Michael Fry. Fotografía: Mauro Fiore. Productoras: Wild Chickens Productions, Temple Hill, Plan B Entertainments. Distribuidora: Paramount Pictures.


Alfred Hitchcock sostenía que nunca se debía trabajar ni con niños ni con animales, porque lo consideraba una de las experiencias más complicadas a las que podía enfrentarse un cineasta. El cine, sin embargo, lo ha contradicho muchas veces, sobre todo cuando convierte a un animal en un auténtico actor. Ahora, David Ayer no solo incorpora una mascota al reparto, sino que construye, además, una historia con muy poco diálogo, en la que un único actor principal sostiene todo el metraje. El precedente más cercano es Cuando todo está perdido, de J. C. Chandor, protagonizada por Robert Redford.

Brad Pitt interpreta al oficial de las Fuerzas Especiales, James Belmont, junto a Odín, su perro de combate. Ambos quedarán atrapados en el corazón indomable de Alaska, enfrentados a su entorno hostil y una naturaleza implacable, y los dos deberán luchar unidos para sobrevivir.

Las películas con perros casi constituyen un género en sí mismas: Rin Tin Tin, Lassie, Benji, Beethoven, La dama y el vagabundo, o, más recientemente, Soy leyenda, con Will Smith. El atractivo de ese binomio entre humano y can reside en la fidelidad y en la mirada de complicidad entre mascota y dueño. Quizá solo quienes han tenido una mascota puedan entenderlo del todo, aunque el sentimiento de amistad incondicional sea reconocible para cualquiera.

Llama la atención que sea David Ayer quien dirija una película con estas premisas, pues su nombre suele asociarse con policías corruptos y sin escrúpulos, soldados curtidos y altas dosis de testosterona, pero Ayer parece estar cambiando. Asume incluso cierto alegato ecologista, cercano al de Las aventuras de Jeremiah Johnson.



El film se construye en torno a Brad Pitt, quien va ocupando el lugar de Robert Redford como héroe maduro, forjado por sus experiencias vitales, y más expresivo con la mirada que con las palabras. Imposible olvidar a Uber, el perro actor, poseedor de un extraordinario magnetismo en pantalla, del que muchos actores carecen. La química entre Pitt y el perro es realmente admirable, cuando contemplamos cómo se cuidan y se protegen mutuamente.

En definitiva, En el corazón de la bestia no se pretende reinventar el cine de supervivencia, pero sí hallar su propio pulso con la relación entre un hombre y su perro. David Ayer, deja atrás parte de su habitual virulencia, para abrazar un relato austero, casi silencioso, donde la naturaleza impone las reglas. Todo conecta con Hitchcock, con Redford, y la larga tradición canina de Hollywood, logrando que ese vínculo, tan simple y tan antiguo, vuelva a parecernos necesario. Una fábula de fidelidad, resistencia y respeto ecológico.

Bad Apples
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