
Vecinos de los pueblos evacuados en el polideportivo Monte Otoel de Jaca. EL PIRINEO ARAGONÉS
Habiendo dejado pasar un tiempo para reflexionar y asimilar el trágico incendio de Las Peñas de Riglos, que hizo marchar durante diez días a los vecinos de Ena y de otros veinte pueblos, quiero agradecer a tantas personas y estamentos que se volcaron desde los primeros minutos para hacernos la estancia fuera de casa más agradable. Me gustaría recordarlos uno a uno.
A nuestra llegada a Jaca, huyendo del fuego, fue cuando empezamos a ver la humanidad de las personas. El Ayuntamiento de Jaca puso el pabellón a nuestra disposición, estando allí prácticamente todos los concejales al frente. Dar las gracias también a los servicios sociales de las comarcas de la Jacetania y la Hoya de Huesca.
Al día siguiente llegó el Ejército y nos ofreció la Escuela Militar de Montaña para alojarnos en sus instalaciones. El cariño y la libertad que tuvimos allí los querríamos tener todos en muchos sitios. ¡Qué bonito recuerdo!
El trabajo encomiable de los voluntarios de Cruz Roja, que estuvieron a nuestro lado, es para quitarse el sombrero. A la señora Teresa, qué bondad y qué corazón: nos ofreció su casa aun teniendo a su marido en silla de ruedas.
Nuestro agradecimiento también para todos los voluntarios y para los medios de extinción de incendios, tanto terrestres como aéreos. Dar las gracias a la Comarca del Alto Gállego, pues también sufrió el incendio uno de sus pueblos y colaboró activamente. Gracias igualmente a todos los ayuntamientos que intervinieron y a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.
Agradecimiento al Ayuntamiento de Ayerbe, pues también acogió a las personas que tuvieron que marcharse por el incendio, y en especial a todos los vecinos de Ayerbe que se volcaron, dedicando su tiempo a atenderlas. ¡Qué bonita labor!
Gracias a los parientes y amigos que os habéis preocupado por nosotros. Al Obispado de Jaca, por su visita. A los labradores, estaremos eternamente agradecidos: nos habéis salvado los pueblos. Al Centro de Salud de Ayerbe.
No se nos puede olvidar a Alfredo, Lucía, Marta y Álvaro, que fueron quienes cuidaron de nuestros animales. Muchas gracias. Para nosotros fue un alivio saber que estaban en vuestras manos.
A Javier García Sancho, militar de la UME fallecido en accidente por salvar nuestros pueblos y nuestras gentes, y a sus compañeros: muchísimas gracias. Si me dejo a alguien, pido perdón.
Y, para terminar, quiero despedirme con unas frases de la alcaldesa de Santa Cruz de la Serós: “¡La Administración tiene que entender que sin pueblos y sin vecinos protegidos de poco sirven los monumentos! ¡Y la vergüenza es que gente que no sabe dónde están estos territorios nos tenga que venir a decir cómo vivir en ellos!”.
