
Las delegaciones de Ansó y del valle de Aspe volvieron a encontrarse en el entorno del ibón de Estanés para realizar el tradicional reconocimiento de mugas. JESÚS LAÍN
Las delegaciones de Ansó y del vecino valle francés de Aspe volvieron a encontrarse el pasado sábado 12 de septiembre en el entorno del ibón de Estanés para realizar el tradicional reconocimiento de mugas, una jornada que permite comprobar sobre el terreno los límites fronterizos y que mantiene vivos los históricos vínculos entre las comunidades situadas a ambos lados del Pirineo.
El encuentro se desarrolla en cumplimiento del Tratado de Bayona de 1862, que regula los límites fronterizos. En esta ocasión se reconocieron cuatro cruces, las correspondientes a los números 281, 282, 283 y 284, que todavía quedaban pendientes dentro del proyecto iniciado en 2013 para localizar y visitar todas las cruces y bornes que delimitan el término municipal de Ansó con Francia.
Jesús Laín, de Ansó, explica que este recorrido fronterizo se extiende “desde la Mesa de los Tres Reyes, hasta las aguas del río Aragón”, tal y como recoge la concesión otorgada por Jaime I en el siglo XIII.
La jornada contó este año con una nutrida participación ansotana, encabezada por la alcaldesa de la localidad, Blanca Alfonso, junto a representantes de asociaciones culturales, deportivas y ganaderas del valle. La presencia francesa fue igualmente destacada, con representación oficial de los municipios de Cette-Eygun, Lescun y Borce, además de vecinos y ganaderos del valle de Aspe.
Precisamente, la ganadería y el aprovechamiento de los pastos constituyen uno de los vínculos históricos que siguen uniendo a las comunidades de ambas vertientes. Laín destaca la buena relación existente entre los ganaderos de los dos valles y señala que este año la sequía ha reducido los pastos disponibles, una circunstancia que ha repercutido negativamente en la producción del queso artesano que elaboran los productores franceses.
El puerto de Estanés conserva además un singular régimen de aprovechamiento. Según explica Jesús Laín, corresponde utilizar sus pastos durante cuatro años a los ganados ansotanos y uno a los ganaderos de Borce. Este acuerdo se mantiene ligado históricamente a la posibilidad de que los pastores de Ansó accedieran a los bosques franceses para recoger leña y madera destinada a sus casetas durante el periodo estival que permanecían en el monte con sus rebaños.
El reconocimiento concluyó con una comida de hermandad en las proximidades de la denominada Tajadera, que permite la utilización de las aguas del ibón de Estanés para la producción eléctrica.
Como viene siendo habitual, la jornada tuvo también su expresión musical y simbólica. Ansotanos y franceses entonaron las dos versiones de una melodía que forma parte de la memoria compartida de ambas vertientes: Ixos Mons, en ansotano, y Aqueras Montagnes, en francés. Una forma de cerrar un encuentro que, más allá de comprobar cruces y límites sobre el terreno, continúa recordando los vínculos históricos, ganaderos y humanos que atraviesan la frontera pirenaica.

