La gravedad de los incendios forestales suele medirse por la extensión de la superficie quemada. Así, en el reciente fuego que ha afectado a este territorio han ardido 18.400 hectáreas, lo que da una idea de su tremenda magnitud. Los expertos señalan, sin embargo, que el valor de la pérdida ecológica, económica y paisajística es muy desigual en esos 184 kilómetros cuadrados. No es lo mismo que arda un cultivo de pino carrasco de repoblación que un bosque autóctono en el que conviven especies vegetales muy diversas (hayas, robles, encinas, fresnos, pinos royos) y toda una serie de plantas, hongos, líquenes y animales que configuran esos ecosistemas. Esa es una de las realidades que deben tenerse en cuenta para abordar la cuestión que hoy todos nos planteamos: y ahora, ¿qué hacemos con el monte quemado?