Especialistas aragoneses advierten de que los aportes de comida realizados sin un diagnóstico técnico pueden favorecer enfermedades, alterar el comportamiento de los animales y dificultar la recuperación natural del ecosistema

Los ecosistemas disponen de numerosos mecanismos naturales para recuperar progresivamente sus equilibrios. Imagen del incendio de Las Peñas de Riglos facilitada por los autores del artículo.
Profesionales vinculados a la conservación de la naturaleza en Aragón han pedido que no se realicen aportes de alimento a la fauna silvestre afectada por el incendio de Las Peñas de Riglos sin que exista previamente un diagnóstico técnico que determine su necesidad. Los especialistas han mostrado su preocupación ante diferentes iniciativas particulares surgidas después del fuego para movilizar voluntarios, recaudar fondos, recoger alimentos y materiales y distribuir comida en el medio natural con la intención de ayudar a los animales.
Los firmantes reconocen y valoran la solidaridad que se encuentra detrás de estas iniciativas ante una catástrofe de esta magnitud, pero advierten de que actuaciones emprendidas con la intención de proteger a la fauna pueden terminar provocando el efecto contrario si no responden a criterios técnicos y se desarrollan sin coordinación con la Administración.
El comunicado recuerda que los hábitats son sistemas vivos y complejos, incluso cuando después de un incendio puedan ofrecer una imagen de devastación. Antes de intervenir resulta necesario conocer la situación en la que han quedado los diferentes elementos que forman parte del ecosistema, desde las especies presentes hasta las características del suelo o la orientación de las laderas, así como las relaciones existentes entre ellos. Solo después de realizar ese diagnóstico, sostienen los especialistas, pueden determinarse las medidas de manejo que resulten realmente necesarias.
Más beneficioso no alimentar que hacerlo sin criterio técnico
El primer argumento del comunicado es especialmente contundente: para la fauna silvestre resulta mucho más beneficioso no realizar aportes de alimento que hacerlo sin disponer previamente de un diagnóstico que justifique la intervención.
Una de las consecuencias puede ser la atracción de especies oportunistas o que no son las destinatarias de la ayuda. Los puntos de alimentación artificial atraen prioritariamente a especies generalistas, como jabalíes o roedores, lo que puede incrementar la competencia por los recursos y aumentar la presión de depredación sobre otras especies más escasas o vulnerables.
También pueden producirse trastornos metabólicos y patologías digestivas. Determinados alimentos comerciales, entre ellos henos que no sean autóctonos o productos procesados, pueden no responder a las necesidades nutricionales de las diferentes especies e incluso resultar perjudiciales para sus sistemas digestivos. A ello se añade que su degradación y pudrición en el medio natural puede generar toxinas y patógenos peligrosos para los animales que posteriormente los ingieran.
Los profesionales advierten igualmente de que la alimentación artificial puede alterar los desplazamientos y el comportamiento natural de la fauna. La presencia de comida puede atraer a los animales hacia espacios menos favorables, incluidos terrenos desnudos y cubiertos por cenizas donde pueden quedar más expuestos a depredadores o contaminantes, en lugar de permitir que sigan su comportamiento instintivo para localizar por sí mismos alimento y refugios seguros.
Otro de los riesgos es la propagación de enfermedades o epizootias. La concentración de numerosos ejemplares alrededor de un mismo punto de alimentación incrementa el contacto directo e indirecto entre ellos y facilita la transmisión de enfermedades y parásitos. Esa misma concentración puede provocar situaciones de competencia, estrés y agresividad, con peleas y heridas entre animales que ya pueden encontrarse debilitados como consecuencia del incendio.
A medio plazo también existe el peligro de provocar una pérdida del instinto natural de búsqueda de alimento, ya que los animales silvestres pueden habituarse con rapidez a disponer de comida fácilmente accesible y dejar de buscar los recursos naturales que resultan más apropiados para sus necesidades.
La intervención puede llegar incluso a afectar a la propia regeneración del territorio incendiado. Los desplazamientos de los animales en busca de alimento forman parte de procesos ecológicos esenciales, entre ellos la dispersión de semillas y las relaciones que se establecen entre fauna y vegetación. Reducir esos movimientos y el consumo de recursos autóctonos mediante la creación de puntos artificiales de alimentación podría, por tanto, llegar a frenar la reforestación natural de la superficie quemada.
El voluntariado debe estar coordinado
El segundo apartado del documento se refiere al papel de las personas que voluntariamente quieren colaborar en la recuperación de las zonas afectadas. Los profesionales reconocen expresamente su importancia y consideran que el voluntariado puede representar un apoyo valioso, pero recalcan que su actuación debe estar integrada en la respuesta coordinada por la Administración.
Las intervenciones deberían realizarse de acuerdo con los criterios establecidos por los técnicos, los Agentes para la Protección de la Naturaleza (APN) y los restantes organismos competentes.
El comunicado establece como principio fundamental que únicamente se intervenga cuando se haya identificado previamente una necesidad concreta, que la actuación se realice con la mínima intensidad necesaria, que posteriormente se evalúen sus efectos y que se retire cuando deje de proporcionar un beneficio neto tanto para el ecosistema como para la fauna.
Por este motivo, los firmantes consideran imprescindible mantener abiertos los canales de comunicación con la Administración y con los APN, sin anticiparse a sus decisiones y respetando las indicaciones que puedan establecer en función de la evolución del territorio afectado.
Actuaciones sometidas a autorización
El tercer bloque del comunicado introduce otra cuestión que los profesionales consideran fundamental: las intervenciones sobre el medio natural que afectan a la biodiversidad están sometidas a procedimientos administrativos de autorización.
En Aragón existen procedimientos específicos para aquellas actividades susceptibles de afectar a la fauna silvestre y también para determinadas actuaciones realizadas en espacios ambientalmente sensibles. Esta regulación alcanza prácticas muy diferentes, desde la instalación de cámaras de fototrampeo, el empleo de drones o la colocación de bebederos hasta el suministro de comida y, de manera general, cualquier intervención que pueda tener alguna incidencia sobre las poblaciones naturales.
Los especialistas recalcan que estos procedimientos administrativos no pretenden impedir o dificultar las iniciativas destinadas a ayudar a la naturaleza, sino garantizar que una actuación realizada en un espacio especialmente sensible no termine ocasionando involuntariamente nuevos daños.
Por ello, tampoco debe darse por supuesto que una iniciativa está automáticamente autorizada por el simple hecho de perseguir una finalidad conservacionista. Antes de actuar debe comprobarse que la intervención resulta compatible con la normativa y con las restricciones que puedan encontrarse vigentes, además de ajustarse a las instrucciones de los responsables de la gestión del territorio.
El comunicado advierte expresamente de que ejecutar este tipo de actuaciones sin contar con la correspondiente resolución administrativa constituye una infracción legal que puede dar lugar a la apertura de un expediente sancionador.
Dejar actuar a la naturaleza
La reflexión final del documento vuelve sobre la voluntad solidaria que ha surgido después del incendio de Las Peñas de Riglos. Los profesionales aseguran comprender y valorar el deseo de numerosas personas de contribuir a reducir el enorme impacto que un incendio de estas características provoca sobre la fauna, pero introducen una idea esencial: conservar la naturaleza no significa necesariamente intervenir sobre ella.
Los ecosistemas disponen de numerosos mecanismos naturales para recuperar progresivamente sus equilibrios. Entre ellos figuran la colonización de los espacios afectados, la dispersión de semillas, el rebrote de las especies vegetales, las migraciones y las propias adaptaciones en el comportamiento de los animales.
El incendio provocará inevitablemente una reconfiguración de los equilibrios existentes antes del fuego y la recuperación será un proceso complejo en el que todos estos mecanismos desempeñarán su función.
“No estropeemos este maravilloso proceso con un intervencionismo excesivo. Mejor, dejemos actuar a la naturaleza, que seguro que nos sorprenderá”, señalan los especialistas, que concluyen reclamando responsabilidad, rigor y coordinación a la hora de acompañar la recuperación natural después del incendio.
El comunicado está firmado por Chema Martínez, Ana Trujillano, José Luis Benito, María Jarne, Daniel Goñi y Pilar Jimeno, además de personal de la Administración Ambiental de Aragón.
