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Incendio de Las Peñas de Riglos en su inicio, el pasado 10 de agosto. INFOAR

La Asociación de Entidades Locales del Pirineo Aragonés (ADELPA) ha reclamado una política forestal que refuerce la prevención y la protección de los municipios de montaña tras el grave incendio de Las Peñas de Riglos. La entidad considera que lo ocurrido durante los últimos días vuelve a poner de manifiesto la necesidad de actuar durante todo el año sobre el territorio y reclama que los compromisos adquiridos por las administraciones se traduzcan en actuaciones efectivas sobre el terreno.

En un comunicado difundido este lunes, ADELPA expresa su solidaridad con los vecinos, municipios y núcleos afectados por los incendios forestales que están asolando Aragón y, especialmente, por el de Las Peñas de Riglos. Asimismo, traslada sus condolencias a la familia, compañeros y allegados del militar de la Unidad Militar de Emergencias (UME) fallecido durante las labores de extinción y desea una pronta recuperación a los militares que resultaron heridos en el accidente.

La asociación reconoce también el trabajo realizado por bomberos, brigadas forestales, UME, medios aéreos, voluntarios, cuerpos de seguridad, agricultores y ganaderos, sanitarios y el conjunto de efectivos que participan en la emergencia.

ADELPA recuerda que el incendio ha obligado a evacuar a más de un millar de personas, ha afectado a numerosos núcleos y ha puesto en riesgo espacios de gran valor natural, cultural y patrimonial, entre ellos los monasterios de San Juan de la Peña. La entidad hace extensiva su solidaridad a las poblaciones afectadas o amenazadas por las llamas, así como a las actividades económicas y turísticas que están sufriendo las consecuencias del incendio.

Anillos de seguridad alrededor de los pueblos

Para ADELPA, la extinción resulta imprescindible cuando se declara un incendio, pero no puede constituir la única respuesta. La asociación reclama actuaciones permanentes sobre el territorio y especialmente en la interfaz entre el monte y los núcleos habitados.



Entre ellas considera prioritario desarrollar de manera efectiva los perímetros o anillos de seguridad alrededor de los pueblos mediante trabajos de limpieza y reducción del combustible forestal, mejora de accesos y creación de espacios que faciliten la intervención de los servicios de emergencia y aumenten la protección de personas y viviendas.

ADELPA recuerda que el pasado marzo el Gobierno de Aragón y las diputaciones firmaron los protocolos destinados a impulsar estos anillos de prevención y que en julio la propia asociación reclamó que estos compromisos pasaran “del papel al territorio”, con financiación y apoyo técnico suficientes para que los ayuntamientos pudieran ejecutarlos. Tras el incendio de Las Peñas de Riglos, considera esta reivindicación todavía más urgente.

Recuperar el paisaje en mosaico

La asociación plantea además la necesidad de abordar una gestión forestal efectiva y continuada. ADELPA vincula la actual vulnerabilidad de las zonas de montaña con el progresivo abandono durante décadas de usos tradicionales, especialmente la ganadería extensiva y determinados aprovechamientos forestales.

Este proceso, señala, ha provocado que superficies anteriormente ocupadas por cultivos, pastos, matorral gestionado o bosques sometidos a aprovechamiento se hayan transformado en masas forestales continuas y densas, con una importante acumulación de biomasa. En condiciones de altas temperaturas, sequía, viento y baja humedad, esta situación puede favorecer incendios de dimensiones difícilmente controlables.

Por este motivo, ADELPA defiende recuperar el paisaje en mosaico, combinando masas forestales gestionadas con pastos, cultivos, aprovechamientos ganaderos y espacios abiertos. El objetivo, sostiene, es hacer el territorio más resiliente frente al fuego y favorecer al mismo tiempo actividades económicas que contribuyan a mantener vivo el medio rural.

La entidad considera fundamental investigar las causas de cada incendio y determinar las posibles responsabilidades, pero advierte de que conocer su origen no resuelve por sí solo el problema. A su juicio, hay que analizar también las condiciones que permiten que, una vez iniciado, el fuego pueda recorrer miles de hectáreas y amenazar numerosos pueblos. Entre ellas cita la continuidad de las masas forestales, la acumulación de biomasa, el abandono de usos tradicionales, las sequías prolongadas, las temperaturas extremas y los efectos del cambio climático.

Una reivindicación de años

ADELPA recuerda que lleva años alertando sobre el creciente riesgo de los grandes incendios forestales en el Pirineo. En 2024, tras el incendio de El Pueyo de Araguás, ya reclamó cambios en las políticas forestales, una gestión sostenible de los montes, ampliación de cortafuegos, limpieza de cañadas, mejora de accesos y perímetros de seguridad alrededor de los núcleos.

En noviembre de 2025, su Asamblea General aprobó por unanimidad un manifiesto específico sobre prevención de grandes incendios forestales y, en julio de este año, volvió a pedir que los protocolos para crear anillos de prevención se materializaran sobre el territorio.

Tras lo sucedido este verano, ADELPA reclama una estrategia de prevención a largo plazo que implique a todas las administraciones y atienda las características específicas de los municipios de montaña. Entre las medidas propuestas figuran los perímetros de seguridad, la reducción de biomasa en las áreas de mayor riesgo, la recuperación del paisaje en mosaico y de la ganadería extensiva, el aprovechamiento sostenible de los recursos forestales, el mantenimiento de caminos y pistas, una inversión estable en prevención, una mayor coordinación administrativa y apoyo técnico y económico para los pequeños municipios.

“Los pueblos no pueden esperar a que llegue el próximo gran incendio para empezar a protegerse”, sostiene ADELPA, que considera que la tragedia de Las Peñas de Riglos debe servir para impulsar “de una vez” un cambio de modelo en la prevención de los incendios forestales. La asociación insiste en que proteger los bosques supone también proteger los pueblos, el patrimonio, el paisaje y a las personas que mantienen vivo el territorio pirenaico.

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