
Fotografía de las denominadas “endemoniadas” de Jaca en la procesión de santa Orosia. La imagen, ya conocida, fue realizada por Francisco de las Heras en 1910-1912
Bullía la primavera de 1461 y en la plaza de San Pedro de Jaca ardía en la foguera Guindarana de Lay, ponzoñera (curandera) y fetillera (bruja). Otras muchas mujeres más la seguirían en los valles del Aragón y sobre todo de Tena, en las que se basa el libro La muerte del Inquisidor que en estos días presenta Domingo Buesa coincidiendo con la Feria del Libro.
Durante siglos, Jaca se convirtió en lugar de peregrinaciones de “poseídas por el demonio” procedentes de ambos lados de los Pirineos. Acudían a la romería de santa Orosia, la santa decapitada que “poseía el poder de interceder por aquellos que habían perdido el juicio”.
Cientos de personas, sobre todo mujeres, se concentraban en busca de la curación milagrosa y ascendían el 25 de junio hasta la cima del monte donde se produjo la decapitación. Lo hacían de rodillas, detrás del relicario-cabeza que se conserva en Yebra de Basa, entre espasmos nerviosos y dejando un rastro de sangre a lo largo del estrecho, sinuoso y escarpado sendero.
Así hasta 1947. Ante el creciente eco internacional y la mala imagen que se ofrecía, el obispo de Jaca, José Bueno Monreal, prohibió, por orden episcopal, la asistencia de espirituados en la romería. Hoy en día la Iglesia hasta permite la representación de obras “paganas” en sus recintos sagrados por motivos culturales, dadas las especiales condiciones acústicas que reúnen; pero siempre y cuando no se escenifiquen.
Este viernes 14 de agosto, incluido en el repertorio del Festival Camino de Santiago 2026, se representará en el monasterio románico de Siresa El amor brujo, de Manuel de Falla.
El concierto correrá a cargo de Enrike Solinis & Euskal Barrok Ensemble, guiado desde el más allá por las manos de La Mejorana, bailaora del siglo XIX que inspiró la obra y que aportó a la danza flamenca el movimiento de dedos y manos cual llamas de una hoguera. Fue su hija, la célebre Pastora Imperio, quien pidió a Falla que compusiera una obra bajo esta inspiración, que originalmente se titularía Gitanería.
El músico encargó el libreto a María de la O Lejárraga, que escribió un texto revolucionario aún en nuestros días: Candela, una joven gitana atormentada de su celoso y difunto marido, para liberarse del espectro y poder unirse a su nuevo amor, Carmelo, convence a su joven amiga Lucía para que distraiga y seduzca al fantasma, rompiendo el hechizo mediante la Danza Ritual del Fuego. Con el tiempo el propio Falla consideró la obra “diabólica” y prohibió su representación durante años.
Este año se cumplen 150 del nacimiento del compositor, que protagonizó una revolución profunda en el arte musical sin cuya contribución no podríamos comprender los espectáculos de hoy en día. También se cumplen 80 de su enigmática y nunca aclarada muerte durante su exilio en Argentina. Declarado este doble acontecimiento de interés público por el Gobierno, la Fundación Manuel de Falla de Granada ha fomentado la interpretación de sus obras a lo largo de todo el territorio nacional.
Y entre las decenas que se van a interpretar se encuentra este concierto, que el eco de las milenarias piedras del barranco del Infierno hará resonar sus mágicas e inquietantes notas por manantiales y bosques donde aquellas mujeres de hace siglos buscaban hierbas para fabricar remedios de sanación. Mujeres libres que se reunían en la cueva de las Güixas de Villanúa, hoy convertida en atractivo turístico, y que acabaron ardiendo bajo unas llamas que, musicalmente, las revivirán por unos minutos bajo el ábside del sagrado templo. Justo al lado de donde, cuenta la leyenda, se ocultó en un hueco el santo grial antes de su supuesto traslado a San Juan de la Peña. Y abracadabra, también dice la leyenda que el cáliz sagrado llegó ahí de manos de un pastor que se lo arrebató a La Mora de Siresa, una fetilleraque lo custodiaba en una cueva y acabó convertida en serpiente de piedra.
