Unas 3.000 personas siguieron el fenómeno desde Rapitán, el Paseo de la Cantera y el Llano de la Victoria, según la Policía Nacional, en una tarde marcada por el humo procedente del fuego de Las Peñas de Riglos

Un momento del eclipse en una fotografía realizada por el colaborador de El Pirineo Aragonés Carlos Viera, que ha presenciado el fenómeno en Mainar, una de las zonas incluida en la franja de la totalidad. CARLOS VIERA
El eclipse solar de este miércoles 12 de agosto dejó en Jaca una de las imágenes más singulares del verano. Miles de personas buscaron los puntos con mejores perspectivas hacia el oeste para contemplar un fenómeno que, en esta parte del Pirineo, estuvo condicionado por el humo procedente del incendio declarado el lunes en Las Peñas de Riglos y que en las últimas horas ha avanzado hacia la Jacetania y el Espacio Natural Protegido de San Juan de la Peña y Monte Oroel.
La veladura provocada por el humo no impidió disfrutar del eclipse, pero alteró considerablemente el paisaje y añadió una atmósfera casi distópica a una tarde que ya era excepcional por sí misma. El disco solar fue desapareciendo progresivamente tras la Luna mientras la luz perdía intensidad y el cielo adquiría una tonalidad cada vez más extraña, acentuada por las partículas en suspensión.
El momento más espectacular se produjo en torno a las 20.28 horas, cuando el eclipse alcanzó su máximo en Jaca. Según los cálculos del Observatorio Astronómico Nacional, la Luna llegó a ocultar el 99,76 % del disco solar. El cielo se oscureció entonces casi por completo, una circunstancia especialmente llamativa para quienes se habían congregado en los distintos puntos de observación.
No llegó a producirse, sin embargo, un eclipse total. Esa diferencia aparentemente insignificante del 0,24 % resulta decisiva desde el punto de vista astronómico. Mientras permanezca visible cualquier porción de la fotosfera, por pequeña que sea, el fenómeno continúa siendo parcial y es necesario mantener en todo momento las medidas de protección ocular.
En un eclipse total, la ocultación completa de la fotosfera permite observar fenómenos que no son visibles en uno parcial, aunque este alcance porcentajes superiores al 99 %. Durante esos breves instantes aparece la corona solar, la tenue atmósfera exterior del Sol, y pueden distinguirse también la cromosfera y las protuberancias solares. En los momentos inmediatamente anteriores y posteriores a la totalidad se producen fenómenos como las denominadas perlas de Baily y el conocido anillo de diamante. Esa es la frontera, mínima en términos porcentuales pero enorme desde el punto de vista de la observación, que ha separado el eclipse visto desde Jaca de uno total.
Unos 3.000 espectadores en tres puntos de Jaca
La expectación que había despertado el fenómeno se tradujo en una importante concentración de personas en aquellos lugares de Jaca que ofrecen una perspectiva más abierta del horizonte.
Según los datos facilitados por la Policía Nacional, en torno a 3.000 personas se repartieron entre tres de los principales puntos elegidos para seguir el eclipse: el alto de Rapitán, el paseo de la Cantera y el Llano de la Victoria. Los tres reúnen condiciones especialmente favorables por su amplitud visual y su perspectiva hacia el horizonte. También fue numerosa la presencia de personas en el glacis de la Ciudadela, convertido igualmente durante la tarde en improvisado observatorio. La jornada transcurrió sin incidencias, según las mismas fuentes policiales, pese a la elevada concentración de espectadores.
La elección del lugar desde el que contemplar el eclipse resultaba especialmente importante en el Pirineo. El fenómeno comenzó en Jaca hacia las 19.33 horas y alcanzó su máximo a las 20.28, cuando el Sol se encontraba ya muy bajo, a apenas 6,2 grados sobre el horizonte y en dirección oeste-noroeste. La propia orografía condicionaba por ello la observación: en valles encajados o poblaciones rodeadas por montañas, el Sol podía desaparecer detrás del relieve mucho antes de su puesta astronómica.
Esta circunstancia explica también los desplazamientos realizados durante la tarde desde diferentes localidades de montaña hacia puntos con horizontes más despejados.
Una vez concluida la observación se registró bastante trasiego en la N-330 entre Jaca y Canfranc, coincidiendo con el regreso de personas que se habían desplazado para contemplar el fenómeno desde lugares donde la orografía permitía una mejor visibilidad.
El humo, inesperado protagonista
Si había un elemento imposible de prever cuando comenzaron los preparativos para observar el eclipse era la presencia del humo.
El incendio declarado el lunes en Las Peñas de Riglos y su evolución hacia la Jacetania y el entorno protegido de San Juan de la Peña y Monte Oroel hicieron que la columna y la dispersión del humo alcanzaran durante la jornada distintos puntos de la comarca y de la Canal de Berdún.
La consecuencia fue una especie de filtro sobre el paisaje. El eclipse pudo observarse, pero bajo un cielo velado que reforzó la progresiva pérdida de luminosidad provocada por la ocultación del Sol.
Durante los minutos próximos al máximo, cuando la Luna cubría prácticamente la totalidad del disco solar, el cielo se oscureció de manera muy acusada. La combinación entre el eclipse, el humo y la proximidad del atardecer proporcionó al paisaje un aspecto insólito.
Veintisiete años y un día después
Jaca tenía un antecedente relativamente reciente. El 11 de agosto de 1999, exactamente 27 años y un día antes, la ciudad y la comarca también salieron a la calle para contemplar el que entonces fue presentado como el último eclipse total de Sol del milenio.
La franja de totalidad quedaba aquella vez lejos del Pirineo y desde Jaca se observó un eclipse parcial mucho menos profundo que el de este miércoles. La ocultación alcanzó aproximadamente el 74 %, entre las 11.00 y las 13.40 horas, con su máximo en torno a las 12.20.
El archivo de El Pirineo Aragonés conserva la secuencia fotográfica de aquel eclipse, realizada por Víctor Barrio, y la crónica publicada entonces relataba cómo numerosos vecinos utilizaron gafas especiales y otros elementos recomendados para contemplar la progresiva ocultación del disco solar y el ligero ensombrecimiento que se produjo en pleno mediodía.
La comparación entre ambos fenómenos permite medir la excepcionalidad del vivido este miércoles. En 1999 permaneció descubierto aproximadamente un 26% del disco solar. Esta vez ha quedado visible apenas un 0,24%. Ha sido suficiente, sin embargo, para mantener a Jaca fuera de la totalidad.





