
Personal de INFOAR que ha participado en el incendio de Plan, en el Pirineo aragonés. GOBIERNO DE ARAGÓN
En este breve texto intentaré explicar por qué la ciencia puede afirmar que existe el cambio climático.
Primero debemos aceptar un concepto general de la naturaleza, como es el de equilibrio dinámico u homeostasis. Este concepto viene a decir que la naturaleza está dividida en sistemas y que estos deben estar equilibrados tanto en sí mismos como entre ellos. El equilibrio significa que los sistemas tienen todos sus componentes y que su funcionamiento es el adecuado.
Uno de los sistemas que tiene la naturaleza es el de la atmósfera, con sus componentes gaseosos en diferentes proporciones y cuyo funcionamiento está cambiando a nivel planetario por una cuestión que es la que me propongo explicar.
A mitad de la vida planetaria, es decir, hace unos 2.400 millones de años, la Tierra tenía una temperatura adecuada para el desarrollo de microorganismos (25-40° C). En ese contexto de temperatura aparecieron unos microorganismos llamados cianobacterias, capaces de aportar oxígeno a la atmósfera. La aparición de dichas bacterias, favorecida por un contexto adecuado, propició el aumento del gas O₂ en la atmósfera hasta niveles en los que el porcentaje de dicho gas permitía la aparición de nuevos seres vivos capaces de aprovechar ese oxígeno para su respiración y vitalidad. Este proceso natural, como casi todos ellos, requiere millones de años, durante los cuales los cambios son paulatinos y lentos.
Pero, como ya decía Paracelso (ese famoso alquimista y filósofo de la antigüedad), “la importancia radica en la dosis”. Es decir, el porcentaje de cada gas en la atmósfera y la relación entre ellos es lo que favorece un tipo de clima u otro.
Con el paso del tiempo, la proporción de gases atmosféricos fue tal que permitió un clima terrestre bastante equilibrado en las zonas meridianas del planeta y, por lo tanto, que la vida de las plantas y los animales pudiera desarrollarse con normalidad.
Si se entiende lo anterior, creo que es fácil comprender lo que ahora se propone sobre otro gas denominado CO₂, que ha pasado a ser protagonista atmosférico. Pasamos del gas O₂, sin el que la vida de los animales no existiría en el planeta, al gas CO₂, sin el que las plantas tampoco existirían. El porcentaje equilibrado de CO₂ en la atmósfera (hasta hace unos 50 años aproximadamente) era de 325-350 ppm (partes por millón).
Hace aproximadamente 200 años, en vez de aparecer las cianobacterias en el planeta, apareció la Revolución Industrial, por la que las sustancias de carbono fosilizadas en el suelo terrestre empezaron a consumirse para diversas actividades del ser humano.
El carbono sólido (carbón) y el carbono líquido (petróleo) fueron utilizados para las actividades humanas cada vez en mayor cantidad y proporción. El aumento de la población y el uso asociado de los combustibles fósiles de carbono han originado un incremento del porcentaje de CO₂ atmosférico sin parangón (también de otros gases de carbono, como el CH₄).
A diferencia del proceso natural de aumento del O₂ en la atmósfera provocado por las cianobacterias, el incremento del CO₂ ha sido artificial, producido por los seres humanos, y, en vez de producirse a lo largo de millones de años, el gran aumento se ha registrado en apenas 200 años (hemos pasado de 325 ppm a 425 ppm).
Aquí radica la gran diferencia entre la evolución de ambos gases en la atmósfera. En la naturaleza, cuando los cambios son lentos, la situación de equilibrio inicial varía también de una manera gradual y todos los seres vivos tienen tiempo para adaptarse. Si los cambios son rápidos, la situación de equilibrio existente también se modifica con rapidez y la adaptación de los seres vivos tiende a ser mucho más complicada. El cambio acelerado de la situación de equilibrio conlleva, asimismo, cambios radicales en el clima, por lo que podemos definir esta situación como cambio climático.
El cambio climático radicaliza el modelo anterior y los períodos de lluvias, sequías, altas o bajas temperaturas, etc., se modifican y se prolongan. Un período de lluvias de 7-10 días puede convertirse ahora en un período de 15-25 días.
Creo que la comprensión de este fenómeno científico es clara.
Si se aceptan estos postulados científicos sobre sistemas en equilibrio o desequilibrio, es más fácil comprender la situación actual, con independencia de otro tipo de criterios que nada tienen que ver con la ciencia.
Aceptar que existe un cambio climático no es echar la culpa de todo lo que pasa al cambio climático. Es todo lo contrario: el cambio climático radicaliza aquello que ya no funciona bien o está mal hecho.
Es el chivato o indicador que nos dice que no estamos haciendo las cosas bien. Hay que adaptarse al cambio climático con medidas dirigidas a combatir períodos prolongados de incidencias climáticas en todo tipo de sectores.
Cerrar los ojos o negar la evidencia no hace más que retrasar las decisiones sobre las medidas más adecuadas que deben desarrollarse.
