
Sarcófago de Doña Sancha y pinturas medievales que se conservan en el monasterio, en una imagen de archivo. EL PIRINEO ARAGONÉS
En los últimos días se ha difundido un artículo que, aunque bien intencionado en su defensa del patrimonio jacetano, contiene afirmaciones incorrectas, interpretaciones sesgadas y conclusiones que no se corresponden con la realidad del proceso seguido respecto al archivo histórico del Monasterio de las Benedictinas que generan inquietud innecesaria.
Por ello, como alcalde de Jaca, considero imprescindible aclarar los hechos para evitar que la ciudadanía forme su opinión a partir de datos incompletos o directamente erróneos.
El artículo sostiene que Jaca “ha perdido” el archivo histórico de las Benedictinas. Esto es falso. El traslado se ha realizado mediante un contrato de comodato, con una duración máxima de cinco años, y con una cláusula explícita que establece que el archivo retornará a Jaca en cuanto se complete la digitalización íntegra de los fondos, la creación de una página web de consulta pública con la garantía de que la documentación pueda ser accesible sin riesgo para su conservación. Es decir, no estamos ante una pérdida, el archivo no ha salido de Jaca para siempre, sino que se encuentra temporalmente en el Archivo Histórico Provincial de Huesca como medida temporal y técnica, orientada a proteger el archivo y facilitar su consulta futura, por lo que reducir este proceso a un “desarraigo” o a una “pérdida de memoria” es una afirmación que no se sostiene documentalmente y es una interpretación que no se ajusta a los hechos.
El Ayuntamiento de Jaca actuó desde el primer momento. Se ha insinuado que el Ayuntamiento permaneció pasivo o silencioso. La realidad es exactamente la contraria. El artículo sugiere que el Ayuntamiento permaneció en silencio o inactivo. Esto también es falso. El Ayuntamiento mantuvo reuniones constantes con la comunidad benedictina, ofreció alternativas de conservación en Jaca, propuso espacios municipales para custodiar el archivo, solicitó informes técnicos para garantizar la viabilidad de mantener los fondos en la ciudad y trasladó al Gobierno de Aragón su oposición al traslado definitivo. Sin embargo, la comunidad benedictina, propietaria legítima del archivo, decidió firmar un contrato de comodato con el Gobierno de Aragón. El Ayuntamiento no podía impedir legalmente esa decisión, pero sí ha seguido trabajando para garantizar que el traslado sea temporal, reversible y orientado a la digitalización, tal y como recogen los documentos oficiales, así como que el archivo vuelva a Jaca y que el proceso se realice con transparencia.
No existe, por tanto, un “silencio institucional”, existe un proceso administrativo claro y transparente por parte del Ayuntamiento de Jaca. El contrato de comodato es público, las instituciones implicadas han informado de sus actuaciones, los medios de comunicación han recogido las declaraciones oficiales, el Ayuntamiento ha informado a los grupos municipales, la comunidad benedictina ha comunicado su decisión, y el Gobierno de Aragón ha explicado los motivos técnicos del traslado temporal, por lo que hablar de “silencio” es una interpretación subjetiva que no refleja la realidad administrativa.
El patrimonio del convento NO está en riesgo de desaparición. El texto insinúa que el sarcófago de Doña Sancha y las pinturas murales del monasterio podrían “correr la misma suerte”. Esto es especulativo y carece de fundamento. El Ayuntamiento de Jaca mantiene contacto permanente con la Congregación Benedictina de Santa Hildegarda, el Obispado de Jaca y los responsables del Museo Diocesano porque el objetivo es claro: preservar todos los bienes del monasterio en Jaca, con garantías técnicas y jurídicas, sin que exista ninguna decisión que implique su traslado fuera de la ciudad.
El Museo Diocesano, referente europeo en conservación de arte románico, es parte de la solución, no un argumento para alimentar alarmas. El artículo utiliza el prestigio del Museo Diocesano para criticar el traslado temporal del archivo. Sin embargo, el Ayuntamiento y el Obispado llevan meses trabajando precisamente para que el sarcófago de Doña Sancha, las pinturas murales y otros bienes muebles puedan ser custodiados, restaurados y expuestos en el Museo Diocesano, que es el lugar natural para su conservación. El artículo convierte un aliado en un argumento de alarma, lo cual distorsiona la realidad.
Defender el patrimonio exige rigor, no desinformación. Jaca ha demostrado históricamente su compromiso con la conservación de su legado. Lo hizo en 2014, cuando otorgó a las Benedictinas el Sueldo Jaqués, ese reconocimiento sigue vigente y lo hace hoy, trabajando para que el archivo vuelva a Jaca, los bienes del convento permanezcan en la ciudad y el patrimonio sea accesible y protegido.
El patrimonio de Jaca es demasiado valioso como para convertirlo en un campo de batalla emocional. La defensa del legado histórico requiere rigor documental, información verificada, respeto a los procesos administrativos y colaboración entre instituciones. Difundir la idea de que Jaca “pierde su memoria” cuando el archivo volverá a la ciudad es injusto para quienes han trabajado, y siguen trabajando, para protegerlo.
El mejor homenaje a las Benedictinas no es alimentar narrativas alarmistas, sino continuar la labor que ellas desempeñaron durante siglos: custodiar con rigor y responsabilidad el patrimonio de Jaca, que su archivo se conserve adecuadamente, su patrimonio permanezca en Jaca, su legado sea accesible para investigadores y ciudadanos, y eso es exactamente lo que se está haciendo.
Jaca no ha perdido su memoria, Jaca está protegiendo su memoria, el archivo volverá, el patrimonio permanecerá, las instituciones están trabajando juntas, y la ciudadanía merece información basada en hechos, no en interpretaciones.
Como alcalde de Jaca, reafirmo mi compromiso con la verdad, con la transparencia y con la defensa del patrimonio que nos define como ciudad.
