
La odisea (The Odyssey, 2026)
Duración: 172 min. País: Reino Unido. Dirección:Christopher Nolan. Guion: Christopher Nolan. Reparto:Matt Damon, Tom Holland, Anne Hathaway, Robert Pattinson, Zendaya, Charlize Theron, Lupita Nyong’o, Jon Bernthal, John Leguizamo, Ben Safdie. Música:Ludwig Göransson. Fotografía: Hoyte van Hoytema. Productora: Syncopy Production, Universal Pictures. Distribuidora: Universal Pictures.
Pocas veces un estreno cinematográfico genera tanta expectación. Las entradas para la primera proyección se agotaron hace meses, y no es para menos. La nueva película de Christopher Nolan, La Odisea, adapta uno de los textos fundacionales de la literatura occidental. El solo hecho de que, tras más de 2500 años, el poema homérico siga siendo fuente de inspiración, demuestra que el mito aún exige ser revisado reinterpretado, o, en el peor de los casos, desvirtuado.
Las versiones previas son dispares: desde las que toman el relato como un mero punto de partida, como O Brother, Where Art Thou? (2000), de los hermanos Coen, que trasladan la esencia del viaje a la América de la Gran Depresión, hasta los intentos fallidos de abarcar demasiado, como Troya (2004), de Wolfgang Petersen. Un refrito que mezcla torpemente episodios de La Ilíada y La Odisea, con escaso acierto. Quizá la adaptación más apreciada por los puristas siga siendo la de Andrei Konchalovsky (1997).
Y ahora llega Nolan, con su inconfundible sello estético y rítmico. El director imprime sus obsesiones —el tiempo, la memoria, la estructura fragmentada—, en un montaje vertiginoso que termina por aturdir al espectador a lo largo de casi tres horas. La complejidad narrativa, marca de la casa, se vuelve aquí un lastre: el uso reiterado del flashbackllega a destiempo, cuando el público, ya agotado por la saturación de información, no puede digerir nuevas capas de significado. Tanta expectación resulta contraproducente. Esperábamos una epifanía cinematográfica, y nos encontramos con un ejercicio de estilo, que, en el fondo, ya habíamos intuido.
El principal escollo es el ritmo desenfrenado, que no permite reposo, ni una sola pausa. Nolan, parece rodar para espectadores con déficit de atención, eliminando cualquier silencio que invite a la reflexión, como si temiera que el público desviara la mirada hacia su dispositivo electrónico.
La banda sonora, por su parte, se convierte en una sucesión de ruidos y percusiones atronadoras que, lejos de acompañar, agreden el oído. En el plano visual, la fotografía de Hoyte van Hoytema resulta decepcionantemente plana ya que apaga la paleta cromática, y tiñe el Egeo de un gris uniforme, que contradice toda la evidencia arqueológica y vital del mundo clásico. El vestuario nos remite más a una oscura Edad Media que a la refinada cultura micénica.
Por último, el reparto. La decisión de reunir a un elenco de superestrellas y cameos resulta un error de base, pues diluye la épica en el star system. Sin embargo, Anne Hathaway emerge como la única nota esperanzadora. Su interpretación, impecable en la contención y la angustia, encaja con naturalidad en el tono que la película debería haber tenido…
En definitiva, La Odisea de Nolan, es una obra colosal, aunque solo en sus aspiraciones. Una experiencia fallida de cine épico, totalmente vacía en el intento de comprimir la grandeza del mito, dentro del molde, demasiado estrecho, del cine de autor contemporáneo.










