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La alcaldesa de Ansó, Blanca Alfonso, participó en representación del Ayuntamiento que actuó como mediador entre los valles de Barétous y Rosal. CARLOS VIERA

La villa de Ansó volvió a estar presente este lunes, 13 de julio, en la celebración del Tributo de las Tres Vacas, una ceremonia transfronteriza con más de seis siglos de historia que cada año reúne en el paraje de Ernaz, en el término municipal de Isaba, a representantes de los valles navarro de Roncal y francés de Barétous.

La alcaldesa de Ansó, Blanca Alfonso, participó en los actos ataviada con el traje tradicional ansotano y representó a la localidad que en 1375 desempeñó un papel decisivo como mediadora para poner fin a los enfrentamientos entre los habitantes de ambos lados de los Pirineos por el aprovechamiento de los pastos y las fuentes fronterizas.

La presencia de Ansó en la ceremonia mantiene viva la memoria de aquella sentencia arbitral dictada hace 651 años y recuerda la capacidad de mediación de la villa jacetana en un conflicto que había provocado violentos enfrentamientos entre los habitantes del Roncal y Barétous.

La tradición atribuye la resolución de la disputa a seis hombres buenos de Ansó, encabezados por el entonces alcalde Sancho Gracia, cuya intervención permitió alcanzar un acuerdo de paz que estableció las condiciones para el aprovechamiento de los recursos ganaderos y fijó las obligaciones que debían cumplir las partes enfrentadas.

Aquel acuerdo constituye el origen del Tributo de las Tres Vacas, considerado el tratado transfronterizo en vigor más antiguo de Europa. Desde entonces, cada 13 de julio, los representantes del valle francés de Barétous entregan tres vacas a los del valle navarro de Roncal como cumplimiento de lo establecido en la sentencia arbitral.



La ceremonia volvió a desarrollarse este lunes junto a la Piedra de San Martín, el mojón fronterizo número 262, donde los representantes de los valles colocaron sucesivamente sus manos antes de pronunciar por tres veces la expresión bearnesa “Pax Avant”, que simboliza el compromiso de mantener la paz y la convivencia entre las comunidades de ambos lados de la frontera.

Posteriormente, el veterinario de Isaba examinó las tres reses entregadas por los ganaderos franceses para comprobar que cumplían los requisitos establecidos por la tradición: animales de dos años, de idéntico pelaje, astaje y dentaje y sine mácula, es decir, sin manchas ni defectos.

La celebración contó con la presencia de autoridades y representantes institucionales de ambos lados de los Pirineos, entre ellos la presidenta del Gobierno de Navarra, María Chivite, así como los alcaldes y representantes de los municipios roncaleses y del valle francés de Barétous.

La participación de Blanca Alfonso volvió a simbolizar el vínculo de Ansó con una tradición nacida de la capacidad de diálogo y mediación de sus habitantes. Más de seis siglos después de aquella sentencia, la villa aragonesa continúa formando parte de una ceremonia que recuerda la vigencia de los acuerdos, la convivencia entre los pueblos pirenaicos y la resolución pacífica de los conflictos.

El Tratado de las Tres Vacas se encuentra, además, en proceso de reconocimiento como Patrimonio Cultural Inmaterial, una iniciativa compartida por las instituciones y territorios vinculados históricamente a esta tradición transfronteriza.

Pax Avant en una jornada concurrida en el Pirineo navarro. CARLOS VIERA
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