
Criaturas luminosas (Remarkably Bright Creatures, 2026)
Duración: 111 min. País: Estados Unidos. Dirección: Olivia Newman. Guion: Olivia Newman, John Whittington. Novela:Shelby Van Pelt. Reparto: Sally Field, Lewis Pullman, Colm Meaney, Joan Chen, Kathy Baker, Beth Grant, Sofia Black-D’Elia, Brandon McEwan, Donald Sales, Mapuana Makia. Música: Dickon Hinchliffe. Fotografía: Ashley Connor. Productoras: Night Owl Stories. Distribuidoras: Plataformas de cine.
Con tan solo 111 minutos de metraje, y una aparición en cartelera que podría pasar inadvertida, Criaturas luminosas (Olivia Newman, 2026), pertenece a esa estirpe de films que se cuelan en nuestras pantallas sin hacer ruido. No hay estrépito promocional ni campaña agresiva, su presencia es tímida, casi discreta. Sin embargo, ahí reside precisamente su fuerza. Lo que comienza como una propuesta aparentemente menor, del tipo que no generan grandes expectativas, se va transformando ante nuestros ojos, escena a escena, hasta desbordar cualquier previsión inicial. Es una película que se percibe pequeña mientras se contempla, pero que se expande en silencio una vez que los créditos aparecen, ganando peso en la memoria del espectador.
Fiel a la exitosa novela homónima de Shelby Van Pelt, la directora construye un relato que respira la misma sensibilidad y ternura que inspiró el texto original. Newman, aborda el duelo y la pérdida de un ser querido, desde una perspectiva amable, casi luminosa, donde el dolor no es un abismo, sino el umbral hacia las segundas oportunidades.
La película comienza con la voz en off de un pulpo gigante, malhumorado, brillante y convencido de su superioridad intelectual sobre los humanos. Un anzuelo perfecto para adentrarnos en el núcleo de la historia. La amistad que día a día va forjándose entre Marcelus y la mujer que limpia su tanque. Un vínculo que nace en la rutina y crece hasta volverse indispensable. Pronto descubrimos que en ese acuario aparece Cameron, un nuevo empleado, cuyo silencio parece esconder un profundo duelo.
El gran acierto de la película reside en esquivar el sentimentalismo fácil. En otras manos, hubiera derivado sin remedio hacia el territorio de la lágrima fácil. Sin embargo, Newman filma desde la contención más absoluta. Cada emoción parece germinar de una mirada que se apaga, un silencio que se alarga un segundo de más, una frase que nunca llega a completarse. Su directora, comprende algo que el cine contemporáneo suele pasar por alto. Las personas rotas rara vez exteriorizan su dolor. Simplemente, siguen respirando. En el reparto, Sally Field, excepcional como siempre, lo encabeza con una interpretación que merece ser destacada. La ganadora del Oscar por Forrest Gump, no intenta interpretar el dolor, sino mostrarnos cómo se convive con él, creciendo en la rutina. Sus gestos. transmiten cansancio y ternura. Una sublime actuación, recordándonos que Field sigue siendo una de las grandes actrices de su generación, quizá no lo suficientemente valorada.
Frente a ella, Lewis Pullman compone un personaje frágil, torpe y herido, que no necesita verbalizar su tristeza para que la sintamos. Le basta con su mirada, con su forma de ocupar el espacio. Juntos, conforman un binomio sólido, capaz de sostener enteramente una película, gracias a una química que nunca necesita ser forzada.
Film humanísimo y cálido, que habría triunfado en la década de los noventa. Hoy, sin embargo, lo tiene más difícil y complicado. Su aire añejo, su sencillez desarmante, junto a una ausencia total de pretensiones, chocan con un panorama cinematográfico que suele premiar el artificio. Pero, esa modestia, es lo que termina por cautivarnos. Cuando se muestran los créditos finales, la emoción nos ha ganado sin que apenas nos diéramos cuenta.










