Pedro Aguado llamó a construir comunidad desde aquello que une a la sociedad, mientras la recién creada Sociedad de Santa Dobroslava agradeció a Jaca y Yebra haber conservado durante siglos la memoria de la santa

El obispo Pedro Aguado mostrando la reliquia del Cuerpo de Santa Orosia en la plaza Biscós. EL PIRINEO ARAGONÉS
Santa Orosia volvió a reunir este jueves a Jaca, a los pueblos de su territorio de devoción y, de manera cada vez más estrecha, a la República Checa, la tierra donde la tradición sitúa el nacimiento de la patrona. La solemnidad religiosa, el patrimonio cultural y el creciente vínculo entre ambos territorios marcaron una jornada en la que el obispo de Jaca, Pedro Aguado Cuesta, resumió el sentido de la celebración con una idea que marcó toda su homilía y que terminó convirtiéndose también en el hilo conductor de la festividad: “Santa Orosia nos une”.
La ciudad vivió desde primera hora una de las jornadas más representativas de su calendario festivo. Bajo un intenso calor y un cielo completamente despejado, vecinos y visitantes llenaron las calles del casco histórico para acompañar una celebración que trasciende el ámbito estrictamente religioso y que constituye uno de los principales signos de identidad del territorio pirenaico. A la tradicional presencia de romeros, cruceros, cofrades, danzantes, bailadores y autoridades civiles y eclesiásticas se sumó este año una amplia representación llegada desde la República Checa, donde en los últimos años ha comenzado a recuperarse la memoria de la santa gracias a la estrecha colaboración establecida con Jaca y Yebra de Basa.
La dimensión internacional que ha adquirido la festividad volvió a quedar patente durante toda la jornada. Aproximadamente medio centenar de peregrinos checos participaron en los actos organizados en Jaca y Yebra de Basa, muchos de ellos vestidos con sus trajes tradicionales y portando el icono de santa Orosia que desde hace unos años acompaña las celebraciones. Su presencia ya no constituye un hecho excepcional, sino la expresión visible de un proceso de recuperación histórica que continúa consolidándose y que tiene como objetivo devolver a Bohemia la memoria de una santa cuya figura permaneció viva durante siglos en Aragón mientras prácticamente desaparecía en su tierra de origen.
Ese trabajo dio un paso decisivo el pasado 8 de septiembre de 2025 con la constitución de la Sociedad de Santa Dobroslava, asociación creada en la República Checa para investigar, difundir y promover el culto a quien allí es conocida por su nombre original. La entidad impulsa estudios históricos, organiza peregrinaciones, mantiene una página web también en español y trabaja estrechamente con la Diócesis de Jaca y la Real Cofradía de Santa Orosia para fortalecer unos vínculos espirituales e históricos que vuelven a estrecharse más de mil años después del martirio de la joven princesa.
Una llamada a construir desde aquello que une
Ese mismo mensaje de encuentro presidió la homilía pronunciada por Pedro Aguado durante la solemne eucaristía celebrada en la Catedral de San Pedro.
El obispo estructuró su intervención en torno a tres cuestiones: recordar quién fue santa Orosia, reflexionar sobre las enseñanzas que deja su vida y proponer una mirada hacia la sociedad actual a partir de su ejemplo. Tras explicar que la tradición sitúa el nacimiento de la santa en la actual República Checa y recordar el viaje que la condujo hasta tierras aragonesas, evocó su martirio como testimonio de fidelidad a Jesucristo y recordó que sus reliquias siguen conservándose con veneración en la Catedral de Jaca.
Pedro Aguado destacó que el principal legado de la patrona reside en la autenticidad de su fe. Recordó que la palabra “mártir” significa literalmente “testigo” y afirmó que santa Orosia constituye un ejemplo de coherencia porque nunca renunció a aquello en lo que creía, incluso a costa de su propia vida. A partir de esa reflexión quiso poner el foco en la realidad del mundo actual, recordando que todavía hoy numerosos cristianos continúan siendo perseguidos por profesar su fe y animando a mantener viva la memoria de esas comunidades.
Al mismo tiempo, reconoció que la sociedad occidental atraviesa un tiempo de cierto enfriamiento religioso y que muchas comunidades echan en falta una mayor presencia de jóvenes en sus celebraciones. Sin embargo, subrayó que también existen numerosos signos de búsqueda espiritual y personas que siguen interrogándose por el sentido de la vida, razón por la que invitó a transmitir la fe mediante el testimonio cotidiano, el servicio, la generosidad, el perdón y el compromiso con quienes más sufren.
“La fe se manifiesta en el amor”, afirmó el obispo, destacando el trabajo silencioso de tantos cristianos que dedican su vida a acompañar a los más pobres, marginados y excluidos. Según explicó, ese compromiso constituye hoy una de las formas más auténticas de mantener vivo el mensaje del Evangelio.
La parte final de la homilía estuvo dedicada a una reflexión que trascendía el ámbito religioso para proyectarse sobre la convivencia ciudadana. Pedro Aguado recordó que en una sociedad plural conviven personas con sensibilidades y maneras de pensar diferentes, circunstancia que en ocasiones puede generar división. Frente a ello, propuso fijar la mirada en aquello que fortalece a la comunidad.
“Hay cosas que no discutimos, que nos unen y que nos hacen sentirnos un pueblo, pensemos como pensemos. Santa Orosia es una de ellas”, afirmó. Desde esa convicción animó a trabajar conjuntamente por una ciudad mejor, una Iglesia mejor y una diócesis mejor, construyendo siempre desde aquello que une y no desde aquello que separa.
La dimensión internacional de la celebración quedó reflejada también durante la propia liturgia. El Padre Nuestro fue rezado tanto en español como en checo y el obispo saludó expresamente a la delegación llegada desde Bohemia, con cuyos representantes intercambió unas palabras antes de concluir la celebración. Ese gesto encontró continuidad pocos minutos después, cuando la presidenta de la Sociedad de Santa Dobroslava, Denisa Michalcakova, tomó la palabra para agradecer públicamente la acogida recibida por parte de la diócesis y de toda la ciudad de Jaca.
Visiblemente emocionada, recordó que santa Orosia es considerada la primera mártir cristiana de su país y reconoció que, mientras en Bohemia su recuerdo se fue perdiendo con el paso de los siglos, fueron Jaca y Yebra de Basa quienes conservaron viva esa memoria generación tras generación. Agradeció especialmente el esfuerzo realizado durante siglos por romeros, cruceros, cofrades, danzantes y bailadores para mantener intacta la tradición e invitó a los aragoneses a visitar la tierra natal de la santa para seguir fortaleciendo unos lazos que hoy viven uno de sus momentos más intensos.
Homilía del obispo de Jaca, Pedro Aguado, y representantes de la delegación de la República Checa que ha asistido a la fiesta. EL PIRINEO ARAGONÉS
Un patrimonio que trasciende la celebración
Las palabras pronunciadas tanto por el obispo como por la representante checa encontraron un reflejo evidente en la propia historia de esta celebración. La devoción a santa Orosia constituye desde hace siglos uno de los principales elementos de cohesión del territorio pirenaico, una dimensión que recibió un importante reconocimiento institucional en 2017, cuando el Gobierno de Aragón declaró Bien de Interés Cultural Inmaterial el conjunto de las romerías y celebraciones dedicadas a la patrona en Jaca y Yebra de Basa.
La declaración no protege únicamente los actos religiosos del 25 de junio o de la romería del día de la Trinidad, sino todo el complejo ceremonial construido alrededor de la figura de la santa a lo largo de los siglos. Bajo esa protección quedan comprendidos la procesión de Jaca, la romería al puerto de Yebra de Basa, los romeros del Cuerpo de Santa Orosia, los cruceros llegados desde decenas de localidades, los dances y palotiaus, la música del chiflo y el salterio, las pastoradas, las ermitas del recorrido, las reliquias, los estandartes y el conjunto de conocimientos y expresiones populares transmitidos de generación en generación.
Ese reconocimiento pone de relieve que la festividad constituye mucho más que una celebración patronal. Se trata de uno de los patrimonios inmateriales más singulares de Aragón, donde tradición religiosa, cultura popular e identidad colectiva han evolucionado conjuntamente hasta conformar un legado que continúa plenamente vivo.
La propia presencia de la delegación checa representa, en cierto modo, una consecuencia de esa continuidad histórica. Mientras el culto desaparecía paulatinamente en la antigua Bohemia, fue precisamente la fidelidad con la que Jaca, Yebra de Basa y decenas de pueblos conservaron la memoria de la santa la que ha permitido reconstruir hoy esos lazos. El puente que vuelve a unir ambos territorios nace precisamente de una tradición que nunca llegó a interrumpirse en el Alto Aragón.
Cincuenta y cinco cruces para acompañar a la patrona
La jornada había comenzado varias horas antes de la procesión. Como cada 25 de junio, representantes del Cabildo Catedralicio y del Ayuntamiento recibieron en el Portal de las Monjas a los cruceros llegados desde numerosos pueblos del antiguo territorio de devoción orosiana. Desde allí se dirigieron a la Catedral, donde tuvo lugar el tradicional recuento de las cruces participantes antes del inicio de la misa solemne.
En esta ocasión fueron 55 las cruces presentes, testimonio de una devoción que continúa manteniendo unidos a numerosas localidades de la Jacetania, el Alto Gállego y otros territorios donde santa Orosia ha sido venerada durante siglos. Cada una de ellas representa a una comunidad y simboliza el compromiso de continuar participando año tras año en una tradición heredada de sus antepasados.
Concluida la celebración eucarística, la plaza de la Catedral volvió a convertirse en un hervidero de actividad mientras la Real Cofradía de Santa Orosia organizaba el cortejo procesional siguiendo un ceremonial que apenas ha variado con el paso del tiempo.
Abrían la comitiva uno de los gigantes y el nuevo cabezudo dedicado a los Bayladós, seguidos por el gran pendón de la Cofradía y la cruz procesional. Tras ellos desfilaban los cruceros con sus enseñas parroquiales, los romeros del Cuerpo de Santa Orosia con sus tradicionales ropones marrones y el bastón de romero, los danzantes y bailadores y las urnas con las reliquias de san Félix y san Voto, y de san Indalecio, portadas respectivamente por labradores y artesanos de la Hermandad del Primer Viernes de Mayo.
A continuación, marchaban los oferentes vestidos con el traje regional, acompañados por peñas, asociaciones y grupos folclóricos. En el centro del cortejo avanzaba la urna-relicario con el cuerpo de santa Orosia, portada sobre los hombros de los integrantes de la Valona, auténtico corazón de una procesión que cerraban el Cabildo Catedralicio, el clero, la corporación municipal presidida por el alcalde de Jaca, Carlos Serrano, y la Banda Municipal de Música Santa Orosia.
El recorrido volvió a discurrir por las principales calles del casco histórico entre la expectación de cientos de personas que seguían el paso de la comitiva desde las aceras y los balcones. Al paso de la urna no faltaron las muestras de respeto y devoción, mientras el sonido del chiflo y el salterio se fundía con el inconfundible ritmo de los palos y las castañuelas de los danzantes, componiendo una de las estampas más características de las fiestas patronales de Jaca.
El vuelo del pendón y la veneración de la reliquia
Uno de los momentos más esperados de la jornada volvió a producirse con la llegada de la procesión a la plaza Biscós. Allí, mientras el sonido del chiflo y el salterio marcaba el ritmo de las mudanzas, los danzantes y bailadores dedicaron sus tradicionales paloteados y castañuelas a la patrona, en una ceremonia donde la devoción y la cultura popular vuelven a fundirse como lo han hecho durante siglos.
También volvió a acaparar todas las miradas el gran pendón de santa Orosia, uno de los símbolos más singulares de la celebración. Su largo mástil, de 6,5 m, exige una notable destreza por parte de quienes lo portan. Hasta la instalación del tendido eléctrico en las calles del casco histórico, en la década de los años ochenta del pasado siglo, alcanzaba los ocho metros de altura, pero hubo que acortarlo para permitir su paso por el recorrido urbano.
Quienes mejor conocen su manejo explican que mantenerlo completamente horizontal exige realizar una fuerza equivalente a unos setenta kilogramos, esfuerzo que aumenta cuando el viento hace oscilar la bandera. No es extraño, por tanto, que el vuelo del pendón continúe siendo uno de los instantes más espectaculares de la procesión, tanto en la plaza Biscós como en el interior de la Catedral, donde vuelve a elevarse lentamente sobre las cabezas de romeros, cruceros y fieles.
En la plaza Biscós fueron mostrados, como es tradición, los mantos que conserva el relicario de santa Orosia antes de que los asistentes pudieran acercarse a venerar las reliquias. El obispo Pedro Aguado elevó el cuerpo de la patrona para bendecir a los presentes, mientras los danzantes interpretaban sus últimas mudanzas y el pendón volvía a ondear sobre la plaza, componiendo una de las imágenes más representativas de las fiestas patronales de Jaca.
Desde allí, la comitiva emprendió el regreso hacia la Catedral acompañada por numerosas personas que siguieron el recorrido hasta el templo. El sonido del chiflo y el salterio, el golpear acompasado de los palos y las castañuelas y el lento caminar de romeros y cruceros volvieron a llenar de solemnidad las calles del casco histórico hasta culminar la celebración en el interior del templo catedralicio.
Una tradición que sigue construyendo comunidad
La festividad de santa Orosia volvió a poner de manifiesto la extraordinaria vitalidad de una tradición que ha logrado conservar intacta buena parte de su ceremonial y que continúa reuniendo cada año a decenas de pueblos en torno a una misma devoción. Romeros, cruceros, cofrades, danzantes, bailadores, músicos, portadores del pendón y de la urna-relicario forman parte de un patrimonio vivo que sigue transmitiéndose de generación en generación y que constituye uno de los elementos culturales más representativos del Pirineo aragonés.
La presencia de la delegación llegada desde la República Checa añadió este año un significado especial a esa continuidad histórica. La creación de la Sociedad de Santa Dobroslava supone un nuevo impulso para recuperar la memoria de la santa en la tierra donde nació, estableciendo un diálogo que durante siglos permaneció interrumpido y que hoy vuelve a encontrar en Jaca y Yebra de Basa su principal punto de encuentro.
Las palabras pronunciadas por Pedro Aguado al término de su homilía resumieron mejor que ninguna otra el sentido de la jornada. Cuando afirmó que “Santa Orosia nos une”, no hablaba únicamente de una comunidad religiosa ni de una tradición que comparten los pueblos del antiguo territorio orosiano. La celebración de este 25 de junio volvió a demostrar que esa unión alcanza también a dos países separados por más de dos mil kilómetros y por más de un milenio de historia, pero vinculados todavía hoy por la memoria de una joven mártir cuya huella continúa tendiendo puentes entre Aragón y Bohemia.




































