Para ver este sitio web deber tener activado JavaScript en tu navegador. Haz click aqui para ver como activar Javascript

La interrupción de una actividad iniciada en 1994 supone la pérdida de una de las principales iniciativas de divulgación del patrimonio histórico-artístico de la Jacetania y abre interrogantes sobre el futuro de la gestión y conservación del monumento

Santa María de Iguácel, en una de las visitas realizadas en años anteriores. EL PIRINEO ARAGONÉS

La iglesia de Santa María de Iguácel permanecerá cerrada al público durante los meses de verano después de que la Asociación Sancho Ramírez acordara, por unanimidad, no asumir este año la apertura y atención de visitantes que venía realizando de forma altruista desde 1994. La decisión fue adoptada en la Asamblea General Ordinaria celebrada el pasado 5 de junio, tras analizar las gestiones realizadas durante los dos últimos años y las responsabilidades derivadas de las condiciones establecidas por la autorización administrativa necesaria para desarrollar esta actividad.

La noticia trasciende el ámbito interno de la asociación. Durante más de tres décadas, la apertura estival de Iguácel permitió a miles de personas descubrir uno de los templos más representativos del románico aragonés en un entorno tan singular como el valle de la Garcipollera. La presencia de voluntarios no solo garantizaba el acceso al monumento, sino que ofrecía información histórica, orientaba a los visitantes y contribuía a mantener viva la memoria de un enclave que forma parte de la identidad cultural del territorio.

Según explica la propia entidad, la decisión ha sido especialmente difícil porque afecta a una actividad considerada emblemática dentro de su trayectoria. La Asociación Sancho Ramírez recuerda que, además de abrir la iglesia durante cuarenta y cinco días cada verano, ha impulsado numerosas actuaciones relacionadas con su conservación, mantenimiento y difusión cultural.

La asamblea entendió que las condiciones actuales hacen inviable continuar prestando este servicio en los términos exigidos por la Administración, poniendo fin —al menos de momento— a una labor desarrollada de forma continuada desde hace más de treinta años.

Más de tres décadas de voluntariado patrimonial

La apertura de Santa María de Iguácel se remonta a 1994. Desde entonces, la Asociación Sancho Ramírez asumió cada verano una tarea que ninguna administración realizaba de forma regular: mantener abierto el templo, atender a los visitantes y ejercer una labor de divulgación patrimonial que ha permitido dar a conocer uno de los edificios románicos más valiosos del Alto Aragón.



La actividad se desarrollaba gracias al trabajo voluntario de los socios, que dedicaban parte de su tiempo libre a abrir y cerrar la iglesia, explicar su historia y velar por el correcto desarrollo de las visitas. Con el paso de los años, la iniciativa se consolidó como una referencia para quienes deseaban conocer la Garcipollera y su patrimonio histórico.

La asociación recuerda que durante casi tres décadas no existieron problemas significativos relacionados con el acceso al monumento ni con la circulación de vehículos particulares por la pista forestal que une Villanovilla con Iguácel.

La situación comenzó a cambiar en 2024. Tras solicitar la reparación de la pista debido a los daños ocasionados por las lluvias invernales, la entidad fue informada de que se trataba de una vía forestal de acceso restringido cuya utilización requería autorización específica del Servicio Provincial de Medio Ambiente y Turismo.

A partir de ese momento se abrió un proceso de negociación para tratar de compatibilizar la continuidad de las visitas con las exigencias derivadas de la normativa forestal, la protección ambiental y la seguridad de las personas.

Las condiciones que precipitaron la decisión

La resolución administrativa autorizaba la actividad, pero incorporaba un amplio condicionado técnico y jurídico. La Administración fundamentaba estas medidas en la protección del medio natural, la prevención de incendios forestales, la conservación de la biodiversidad y la seguridad de los usuarios de una pista forestal ubicada en un monte de utilidad pública.

Entre las obligaciones establecidas figuraba que la asociación asumiera la señalización y seguridad de las visitas, instalara medidas de protección en el entorno del templo y garantizara el cumplimiento de la normativa ambiental vigente. También debía atender las restricciones derivadas de alertas por incendios, actividades cinegéticas o posibles afecciones a especies protegidas.

La autorización recordaba además que la pista forestal no podía considerarse una vía abierta al tránsito turístico general, al haber sido concebida para usos forestales. Por ello, la Administración no asumía cuestiones relacionadas con su adecuación, señalización o responsabilidad civil derivada de su utilización.

Otro de los aspectos relevantes era la asunción de responsabilidades por parte del autorizado ante posibles accidentes o incidencias derivados de riesgos naturales propios de una zona de montaña, como incendios, desprendimientos, caídas de árboles, inundaciones o movimientos del terreno.

La resolución también limitaba el número de vehículos autorizados a circular por la pista durante el periodo de visitas, una medida orientada a reducir el impacto sobre el entorno forestal.

La Asociación Sancho Ramírez sostiene que estas condiciones resultan difíciles de asumir para una entidad cultural formada por voluntarios y sin capacidad para afrontar determinadas obligaciones técnicas, jurídicas y económicas. Por ello considera que la continuidad de la actividad exige otro modelo de gestión y mayores implicaciones por parte de las administraciones competentes.

Un descenso drástico de visitantes

La campaña de 2025 sirvió para comprobar las consecuencias que podían tener las nuevas limitaciones de acceso.

Tras diversas reuniones, se optó por habilitar un sistema alternativo basado en un servicio de autobús desde Castiello de Jaca gestionado por la Mancomunidad Alto Valle del Aragón. Paralelamente, el acceso por vehículo particular quedó muy restringido, autorizándose únicamente el tránsito de los responsables de la apertura y atención del templo.

Los resultados fueron evidentes. Según los datos aportados por la asociación, durante el verano de 2025 se registraron 1.560 visitantes, frente a los aproximadamente 5.000 que se alcanzaban en campañas anteriores.

La entidad atribuye esta reducción a la imposibilidad de acceder libremente en vehículo particular y a las dificultades que algunas personas encontraron para utilizar el sistema de reservas del autobús.

Más allá de la interpretación de las cifras, el descenso refleja la dificultad de encontrar un equilibrio entre la protección de un espacio ambiental sensible y la accesibilidad a un bien patrimonial que despierta un notable interés cultural y turístico.

La incógnita sobre el futuro de Iguácel

La decisión adoptada por la Asociación Sancho Ramírez deja ahora una pregunta abierta: quién asumirá en adelante la apertura regular del monumento y la atención a los visitantes.

En su comunicado, la entidad considera que ha llegado el momento de que el propietario del inmueble y las administraciones competentes asuman plenamente las responsabilidades que establece la legislación vigente tanto en la conservación del edificio como en la gestión de los accesos.

La cuestión adquiere mayor relevancia porque Santa María de Iguácel continúa necesitando actuaciones de conservación. Desde hace años se viene alertando sobre problemas relacionados con la cubierta, las humedades y el desprendimiento de algunas lajas, intervenciones que siguen pendientes.

A ello se suma el contencioso que mantienen abierto el Obispado de Jaca y el Gobierno de Aragón sobre la titularidad del templo. La diócesis defiende que la iglesia pertenece a la Iglesia por su origen histórico y su uso religioso continuado, mientras que la Administración autonómica sostiene que su ubicación dentro de un monte de utilidad pública plantea dudas sobre esa titularidad. La falta de una resolución definitiva ha contribuido a prolongar una situación de incertidumbre que afecta también a futuras actuaciones sobre el monumento.

Mientras tanto, Santa María de Iguácel afronta un verano inédito. Por primera vez desde 1994 no contará con la red de voluntarios que cada temporada abría sus puertas y explicaba su historia a miles de visitantes. La decisión supone mucho más que la suspensión de unas visitas guiadas. Representa la pérdida temporal de una de las experiencias de participación ciudadana más longevas vinculadas al patrimonio cultural de la Jacetania y deja sobre la mesa el desafío de encontrar una fórmula que permita compatibilizar la protección del entorno natural con el conocimiento y disfrute de una de las grandes joyas del románico aragonés.

No Comments Yet

Comments are closed