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Los jóvenes se informan mayoritariamente a través de las redes sociales. GERD ALTMAN/PIXABAY

Uno de los rasgos característicos de las actuales diferencias entre generaciones está en la manera de informarse. Los jóvenes no compran periódicos ni en formato papel, ni digital; tampoco siguen, en general, los noticiarios de la televisión y de la radio. Sin embargo, están al día, en especial, sobre lo que personalmente les interesa. Cabe preguntarse a qué canales recurren para conocer el estado del mundo, del país y de su ciudad.

Los principales vehículos de información para los llamados nativos digitales son las redes sociales. A través de estas les llegan los contenidos elaborados por influencers, activistas o divulgadores de materias específicas (música, deportes, videojuegos). También los podcasts, los programas de audio digital con acceso rápido en internet que han proliferado en los últimos años, son una fuente de argumentos para esas capas de edad. Es muy frecuente entre ellos el intercambio de archivos (noticias, memes, vídeos) con sus amigos, compañeros de clase, etcétera.

Estamos, por tanto, ante un tipo de información muy fragmentada, en píldoras, sin el contexto que ofrece un periódico o un espacio audiovisual convencional. En muchos casos las noticias se encapsulan en vídeos cortos (especialidad de la red TikTok) o son titulares sin texto ampliatorio o memes humorísticos. Se trata de contenidos de difusión rápida, muy accesible y en muchos casos viral.

Una característica muy importante de este tipo de trasiego en red es que elude la barrera tradicional entre el emisor (los periodistas, normalmente) y el receptor (el conjunto de la sociedad), porque ahora cualquiera puede elaborar su contenido audiovisual y subirlo a internet por diferentes vías. En este sentido, podría parecer que estamos ante una forma de comunicación más democrática, si bien, esta afirmación es matizable.

En primer lugar, la información digital que todos recibimos en nuestros terminales (teléfonos, ordenadores personales, tabletas) viene filtrada y personalizada de acuerdo con los intereses y tendencias que hemos mostrado en las búsquedas anteriores y en el rastro digital que vamos dejando debido al incesante uso de internet. Es un algoritmo el que dispone que recibamos principalmente novedades de un determinado equipo de fútbol, relacionadas con nuestros artistas favoritos o con los políticos que más nos atraen. Eso significa que todos (también los jóvenes) vivimos en una burbuja en la que recibimos sobre todo los mensajes más afines a nosotros, mientras somos completamente ajenos a contenidos que no figuran entre nuestras preferencias.



¿Cuáles son los riesgos de este tipo de divulgación? El principal es que en muchos casos se maneja contenido poco contrastado, manipulado y muchas veces falso. Los medios convencionales, con sus diferentes opciones ideológicas o comerciales, ofrecen al público una garantía de profesionalidad más o menos fiable. Pero cuando las noticias no tienen firma ni una cabecera que garantice la veracidad, estamos ante un claro peligro de desinformación interesada. Asimismo, como hemos señalado, el usuario digital recibe mayoritariamente materiales que refuerzan sus ideas y sus gustos, situación que deja poco espacio al pensamiento crítico. Finalmente, las redes distribuyen actualidad mezclada con entretenimiento, un cóctel que tiende a distorsionar la realidad.

Este radical cambio en los canales ha obligado a las formaciones políticas a replantear sus estrategias para llegar al público joven. Los más audaces han optado por sumergirse en lo que podríamos llamar el universo TikTok, para lanzar mensajes cortos, con prioridad a la imagen y menosprecio de los matices. Se trata de una fórmula más agresiva, que favorece la polarización. En nuestra opinión, ese método puede ser eficaz, pero alienta más los aspectos emocionales que los racionales. La simplicidad de los mensajes, en fin, tiende a deteriorar el debate político.

En conclusión, pensamos que no hay ninguna base para deducir que los jóvenes actuales tienen menos criterio o preparación que generaciones anteriores para participar en los debates públicos. Esa sería una posición tan absurda como paternalista y antidemocrática. De hecho, muchos de ellos son punta de lanza en movimientos sociales medioambientales, pacifistas e igualitarios. Pero creemos que vale la pena reflexionar y subrayar algunas de las amenazas que en el plano de la información se ciernen sobre el conjunto de la sociedad digital al haber cambiado radicalmente el modo en el que recibimos los mensajes.


Firmado: COLECTIVO PENSAMOS
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