
Nanín, el último cervatillo que se ha unido a la manada del foso del Castillo de San Pedro. CIUDADELA DE JACA
La llegada de la primavera ha traído una de las imágenes más esperadas en la Ciudadela de Jaca. La emblemática manada de ciervos que habita en el foso del Castillo de San Pedro ha incorporado a cuatro nuevas crías, Viriato, Ibón, Ceci y Nanín, que ya pueden verse junto al resto de ejemplares que viven en este singular espacio de la fortaleza.
Los nacimientos se produjeron durante la pasada semana y marcan el inicio de la temporada de reproducción de una manada que forma parte del paisaje cotidiano de Jaca desde hace más de medio siglo. Para varias generaciones de jacetanos, los ciervos del foso constituyen una de las imágenes más reconocibles de la Ciudadela, además de un atractivo añadido para quienes visitan este conjunto patrimonial.
Viriato fue el primero en llegar. Su nombre rinde homenaje al legendario guerrero lusitano. Apenas unas horas después nació Ibón, completando la primera pareja de cervatillos de la temporada. Poco tiempo más tarde se sumó una tercera cría, bautizada como Ceci y el sábado nació la cuarta, Nanín, que ha contribuido a aumentar la actividad y el movimiento en el recinto.
Los cuatro ejemplares se encuentran en buen estado y ya acompañan a la manada en sus desplazamientos por el foso. Su presencia supone una garantía para la continuidad de este grupo de animales que vive en régimen de semilibertad y que constituye uno de los elementos más característicos de la fortaleza jacetana.
Desde la Ciudadela destacan que cada temporada de nacimientos representa un momento especialmente significativo, ya que contribuye a la renovación natural de la manada y permite seguir acercando la fauna a pequeños y mayores en pleno entorno urbano. La presencia de los cervatillos despierta además un notable interés entre los visitantes, que encuentran en ellos uno de los principales reclamos de su recorrido por el monumento.
La llegada de Viriato, Ibón, Ceci y Nanín abre así una nueva etapa para la manada de la Ciudadela, un símbolo vivo de la fortaleza que cada primavera vuelve a recordar la estrecha relación entre el patrimonio histórico y naturaleza en el corazón de Jaca.



