Director de la Real Academia Española entre 2011 y 2014 y una de las grandes autoridades de la filología hispánica contemporánea

José Manuel Blecua, junto al director de los Cursos de Español para Extranjeros, Vicente Lagüéns, el alcalde de Jaca, Carlos Serrano, y la académica María Antonia Martín Zorraquino, en el Día del Recuerdo de 2024. EL PIRINEO ARAGONÉS
La filología española ha perdido este viernes a una de sus figuras más destacadas. José Manuel Blecua Perdices, académico y exdirector de la Real Academia Española (RAE), falleció en Madrid a los 86 años, dejando tras de sí una trayectoria intelectual y docente de referencia, pero también una profunda huella en Jaca, ciudad a la que estuvo estrechamente vinculado durante décadas a través de los Cursos de Verano de la Universidad de Zaragoza.
Nacido en Zaragoza el 21 de junio de 1939, Blecua ocupaba el sillón “h” de la RAE desde 2006. Fue director de la institución entre 2011 y 2014, además de secretario de la corporación entre 2007 y 2009. Doctor en Filología Románica y catedrático de Lengua Española, desarrolló una extensa carrera académica en las universidades de Barcelona y Autónoma de Barcelona, participó en la elaboración de la Nueva gramática de la lengua española y fue una referencia internacional en el estudio de la lengua y la lexicografía.
Su relación con Jaca, sin embargo, trascendía lo académico. Como su padre, el también filólogo José Manuel Blecua Teijeiro, encontró en los Cursos de Verano un espacio de encuentro intelectual y humano al que regresó de forma continuada. Fue profesor en los cursos para extranjeros de la Universidad de Zaragoza y mantuvo una presencia constante en la vida cultural y universitaria jacetana.
Precisamente, una de sus últimas intervenciones públicas en Jaca tuvo lugar en agosto de 2024, durante el Día del Recuerdo dedicado al fundador de los Cursos de Verano, Domingo Miral. Aquel acto rindió homenaje a dos históricos profesores vinculados durante más de medio siglo a la institución jacetana: José Manuel Blecua Teijeiro y Félix Monge Casao. El encargado de evocar la figura del primero fue su propio hijo, José Manuel Blecua Perdices, en una intervención cargada de emoción y recuerdos.
Aquel día, Vicente Lagüéns, director de los Cursos de Español para Extranjeros, recordó la estrecha vinculación del académico con Jaca y afirmó que “Blecua forma parte de la historia de estos cursos”, destacando que en todos los ámbitos de la lengua española en los que trabajó “ha regalado obras fundamentales”. También puso de relieve la admiración que despertaba entre colegas y discípulos, que reconocían en él tanto al maestro como a la persona.
La propia María Antonia Martín Zorraquino, catedrática de Lengua Española y académica correspondiente de la RAE, evocó entonces la relación personal y profesional que mantenía con él. Recordó que fue José Manuel Blecua quien le enseñó a impartir las clases de comentario de textos literarios en los Cursos de Verano de Jaca, subrayando así una faceta docente que quienes lo conocieron siempre consideraron inseparable de su brillante carrera investigadora.
Pero quizá las palabras que mejor resumen la relación de los Blecua con Jaca fueron pronunciadas por el propio académico durante aquella jornada. Al explicar cómo preparó su intervención, relató que, cuando recibió la invitación para participar en el homenaje, escribió una frase en un papel: “José Manuel fue feliz en Jaca”. A partir de esa idea construyó un discurso que era, al mismo tiempo, un retrato de su padre y una declaración de afecto hacia la ciudad y los Cursos de Verano.
“Me he sentido emocionado de volver a esta casa”, afirmó entonces en referencia a la Residencia Universitaria, recordando los numerosos amigos que su padre había encontrado en Jaca y los momentos felices vividos en ella. Aquella intervención permitió también conocer aspectos más personales del gran filólogo aragonés, su preocupación constante por los alumnos y los profesores, así como su pasión por la enseñanza y la literatura.
En uno de los pasajes más evocadores de aquella conferencia, José Manuel Blecua recordó los paseos que su padre compartía con Félix Monge por las tardes, camino de Banaguás, “con la chaqueta al hombro”, mientras conversaban sobre literatura, lengua y vida. Evocó igualmente su afición por la fotografía y su fascinación por los paisajes del Pirineo. “Blecua se proclamaba cazador de crepúsculos”, recordó entonces, explicando cómo aquellos recorridos le permitían contemplar y fotografiar unas luces y unos paisajes que amaba profundamente.
La presencia de José Manuel Blecua Perdices en Jaca fue constante a lo largo de los años. Participó en numerosas actividades académicas y culturales vinculadas a la Universidad de Zaragoza y llegó a pronunciar la conferencia inaugural de una edición de los Cursos de Verano, reafirmando una relación que hundía sus raíces en la propia historia de esta institución centenaria. Su figura representaba, en cierto modo, la continuidad de una tradición filológica aragonesa que tiene en los Cursos de Jaca uno de sus principales espacios de encuentro y difusión.
Con su fallecimiento desaparece uno de los grandes especialistas de la lengua española de las últimas décadas, distinguido con reconocimientos como el Premio Aragón de Investigación, el Premio de las Letras Aragonesas, la Medalla de Oro de Zaragoza o la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio.
También se apaga una presencia habitual y querida en los veranos jacetanos. Un académico de prestigio internacional que nunca perdió el vínculo con aquella ciudad a la que regresaba cada verano para compartir conocimiento, amistad y memoria. Como recordó al hablar de su padre hace apenas dos años, Jaca era un lugar asociado a la felicidad. Y esa misma frase podría servir hoy para resumir la relación que él mismo mantuvo con los Cursos de Verano que ayudó a engrandecer.

