
Celebración de los actos religiosos en el Parador de Oroel. MIGUEL ÁNGEL BARRUTIA DE PABLO
Como cada mes de mayo desde hace ya muchísimos años los jacetanos subían en romería a la Virgen de la Cueva, pero no solo los jacetanos sino también los vecinos de Navasa, Ulle, Ara y Barós, además de algunas pardinas de la zona. Cada uno iba por su camino para juntarse en torno al santuario o ermita de la Virgen de la Cueva.
Según cuenta la leyenda más conocida, un pastor que cuidaba un rebaño de cabras observó durante varios días cómo una de las cabras desaparecía cada día para regresar al atardecer. Un día el cabrero decidió seguir al animal y vio cómo se introducía en una cueva donde encontró la talla de la Virgen.
Muchos han sido los jacetanos que, durante siglos, han honrado a la Virgen de la Cueva subiendo a los actos religiosos y terminando con una comida. Aún recuerdan algunos mayores la subida desde el parador de Oroel, en cuya senda, en la primera curva cerrada a la derecha, está el popularmente llamado O Muerto (un montón de piedras) donde se dice que está enterrado un moro que perseguía a la Virgen. Al pasar había que echar una piedra para evitar que se levantara nuevamente. Otra leyenda dice que allí está enterrado uno de los primeros ermitaños del santuario y también había que echar una piedra para contribuir a su entierro.
En la cara sur, a 1450 m de altitud y bajo una cornisa de conglomerado estaba la ermita en una cueva donde se encontraba el altar con la talla de la Virgen y la fuente de Los Pechos de la Virgen, nombre que recibía por la semejanza de las estalactitas por las que manaba el agua al que se le atribuían propiedades curativas y purificadoras, por lo que los romeros antes de abandonar el lugar se lavaban los ojos. También se llevaban a casa una piedra del entorno para enfrentar las tormentas.
De la antigüedad de este eremitorio se tiene constancia por un documento del Monasterio de Fanlo de una donación confirmada por el rey Sancho Ramírez.
En el 2012 la gran roca que servía de techo se desplomó sobre la ermita y partir de entonces, la romería se celebra en el parador de Oroel, aunque algunos siguen subiendo antes de los actos a la ermita/cueva.
Nada tiene que ver el número de asistentes de la década de 1970 y 1980 con la actual de 2026, la cantidad de asistentes ha disminuido enormemente al igual que otras romerías de la zona como el Voto a San Indalecio o la de Santa María de Iguácel y aunque las cruces de los pueblos de Navasa, Ulle, Barós, Ara y de Jaca (Escolapios) no faltan, sí que faltan las pardinas de la zona por estar en su mayoría abandonadas.
Este domingo 24 de mayo del 2026 (Domingo de Pentecostés), tras la concentración en el parador de romeros y cruces se ofició una misa, una ofrenda de flores y se procesionó rezando letanías al canterón “Peña Muro” donde se bendijeron los términos. Los actos finalizaron con un concurso de tortillas, una comida de alforja y una actuación del Grupo Folklórico Alto Aragón.
La tradición de subir a la Virgen de la Cueva se mantiene viva gracias al trabajo de la Hermandad Virgen de la Cueva creada en el año 1989.






