
La marcha senderista reunió a 450 participantes. CARLOS VIERA
La Marcha Senderista de Jaca por los pueblos de La Solana volvió a confirmar este domingo que su crecimiento no ha erosionado su esencia. La undécima edición de la cita organizada por el Club Atletismo Jaca reunió a 450 participantes, una cifra que consolida la evolución de una prueba nacida hace algo más de una década con apenas 120 inscritos y que, año tras año, se ha convertido en una referencia del calendario senderista de la Jacetania. Todo ello en una jornada marcada por el calor desde primera hora, aunque suavizado por una ligera brisa que alivió el esfuerzo de los caminantes durante buena parte del recorrido.
La prueba volvió a desplegarse por algunos de los paisajes más reconocibles de La Solana, atravesando pueblos como Abay, Asieso, Guasillo, Novés, Banaguás, Araguás del Solano, Caniás y Áscara, en una propuesta que combina naturaleza, patrimonio y convivencia entre los participantes, los vecinos de los núcleos rurales, los voluntarios y los organizadores. Aunque el CA Jaca se había marcado como reto alcanzar por primera vez los 500 participantes tras ampliar el límite de inscripciones, el balance no puede ser más satisfactorio. Más aún teniendo en cuenta la coincidencia con otras actividades durante el fin de semana.
“Muy contentos, porque hemos vuelto a sumar en todos los sentidos. Con la cantidad de cosas y actividades que nos rodeaban, eso nos hace pensar que algo estamos haciendo bien y que la gente elige venir a La Solana”, valoró Antonio Agustín, responsable de la organización dentro del Club Atletismo Jaca.
Uno de los elementos que siguen distinguiendo a esta marcha es la implicación directa de los pueblos por los que discurre. Los avituallamientos, convertidos ya en una de las señas de identidad de la prueba, volvieron a contar con el empuje de los vecinos, que no solo atendieron a los senderistas, sino que aportaron nuevas propuestas y sorpresas a lo largo del recorrido.
“La gente de los avituallamientos, que son los vecinos de los pueblos, muy contentos, muy voluntariosos, aportando cosas nuevas. Los participantes nos felicitaban y nosotros estamos muy orgullosos”, explicó Agustín, que quiso extender el reconocimiento al conjunto del operativo humano que da soporte a la cita.
Porque detrás de la marcha hay una maquinaria cada vez más compleja. El incremento de participantes implica más logística, más material y más capacidad de respuesta. Aun así, el engranaje volvió a funcionar. “Somos un equipo brutal. Ya no solo mis compañeros y compañeras del club, sino junto con los vecinos de los pueblos. Esto nos da mucha moral y muchas ganas para seguir con la duodécima edición”, añadió.
El buen balance se extiende también al apartado organizativo y sanitario. A pesar de las elevadas temperaturas, no se registraron incidencias graves ni golpes de calor, aunque sí hubo algunas retiradas por problemas físicos, especialmente calambres o falta de preparación para afrontar determinados recorridos.
“No ha habido percances. Sí que se retiró gente por problemas físicos, de calambres o falta de preparación. A veces el cuerpo dice que no y es que no”, resumió Agustín.
Otro de los detalles mejor recibidos de esta edición fue la nueva camiseta oficial, una de las novedades presentadas este año y que, según la organización, tuvo una acogida inmediata entre los participantes. “Ha sido un éxito. Todo el mundo la llevaba ya desde primera hora”, apuntó el responsable de la prueba.
El cansancio acumulado tras un intenso fin de semana de trabajo no empañaba, sin embargo, la satisfacción del equipo organizador. “Han sido viernes, sábado y domingo de no parar. Conforme crece La Solana, crecen los avituallamientos, las cantidades y también los problemas que resolver sobre la marcha, pero estamos muy contentos”, reconoció.
Más allá de los números, la marcha mantiene intacta esa capacidad para convertir durante unas horas los pequeños núcleos rurales en puntos de encuentro, fiesta y hospitalidad. Una fórmula que explica su consolidación y que ya mira hacia la próxima edición con el mismo espíritu con el que nació: caminar, compartir y reivindicar el territorio.






