
La adversa meteorología impidió que la ascensión pudiera culminar en la cruz de Oroel como estaba previsto. ALBERTO AYORA
El reto no pudo culminar en la cruz de Oroel, pero el mensaje llegó igualmente a la cima. Quique Grávalos, impulsor de la carrera solidaria Jaca Lucha Contra Duchenne, protagonizó este fin de semana una nueva demostración de fortaleza personal y compromiso colectivo al intentar ascender la peña Oroel en una silla Joëlette, acompañado por un amplio dispositivo humano y técnico volcado con una iniciativa que trascendía lo deportivo para convertirse en un gesto de visibilización y apoyo a las personas afectadas por la distrofia muscular de Duchenne.
La ascensión, prevista para este sábado si las condiciones meteorológicas lo permitían, se había concebido como un desafío de alto valor simbólico. Grávalos, jaqués de 44 años y afectado por esta enfermedad degenerativa, se había propuesto alcanzar los 1.769 m de la emblemática cima jacetana con el respaldo de familiares, amigos, voluntarios y cuerpos de seguridad y emergencias. “No es solo un monte, sino un símbolo y algo muy nuestro”, explicaba en la presentación de una iniciativa con la que también se quería lanzar un mensaje de esperanza a quienes conviven con limitaciones severas. “Queremos demostrar que una enfermedad no tiene por qué ser tu límite. Sean cuales sean tus sueños, de una forma u otra, puedes cumplirlos”, defendía entonces.
La preparación del reto había sido minuciosa. La idea comenzó a tomar forma hace más de medio año y obligó incluso a replantear el itinerario inicial. En un primer momento se valoró la ascensión por el Parador, pero el mal estado del terreno y la complejidad de las raíces hacían difícil garantizar la seguridad del equipo con la silla Joëlette, por lo que finalmente se optó por un ascenso organizado por la cara sur, mientras un segundo grupo subiría por la norte para confluir en el collado de las Neveras y completar juntos el tramo final hasta la cruz.
El operativo movilizó a efectivos de Protección Civil, Guardia Civil, Cruz Roja, personal del Ejército y especialistas en seguridad y manejo de la silla, bajo la coordinación de Alberto Ayora. También se sumaron voluntarios de asociaciones como Jaca Lucha Contra Duchenne, amigos y familiares, además de vecinos que quisieron acompañar la iniciativa en algún tramo del recorrido.
Sin embargo, la montaña impuso sus condiciones y el objetivo tuvo que detenerse antes de tiempo. La expedición alcanzó la altura de la ermita de la Virgen de la Cueva, a unos 1.470 m, donde se tomó la decisión de regresar sin completar el ascenso por razones de seguridad. El reto quedaba inconcluso en lo estrictamente deportivo, pero no en su significado.
Porque si algo volvió a quedar patente fue la dimensión humana de la iniciativa y la capacidad de superación de Grávalos. Considerado la persona con distrofia muscular de Duchenne de mayor edad en España —una circunstancia especialmente significativa en una enfermedad cuya esperanza de vida históricamente ha sido mucho más reducida—, el jaqués volvió a convertirse en referente de resistencia, visibilidad y compromiso.
Durante la jornada, numerosos participantes quisieron arroparle en el recorrido, mientras el grupo que ascendió por la cara norte completaba la subida prevista. El encuentro en el collado de las Neveras no pudo producirse como se había imaginado, pero el reconocimiento colectivo sí estuvo presente desde el primer momento.
“Quique, hoy hemos sido tus piernas, tus ojos, tu corazón; siéntete muy orgulloso”, le trasladó el alcalde de Jaca, Carlos Serrano, tras sumarse a la iniciativa y completar la ascensión hasta la cruz de Oroel.
Grávalos quiso agradecer el apoyo recibido y poner en valor el esfuerzo compartido de todas las personas implicadas en una jornada que, aun sin alcanzar físicamente la cumbre, volvió a situar en primer plano la lucha contra la Duchenne y la importancia de no dejar de intentarlo.

