Las calles del casco histórico de Jaca se llenaron de música, tradición y participación en la noche del jueves al viernes, en la antesala del Primer Viernes de Mayo, con la celebración del Canto de los Mayos. Coincidiendo con el puente festivo, la ronda discurrió en un ambiente animado, con numeroso público y una temperatura suave que favoreció la presencia de vecinos y visitantes, que acompañaron buena parte del recorrido o se sumaron en distintos puntos del itinerario.
La actividad, promovida por el Grupo Folclórico Alto Aragón y la Escuela Municipal de Música y Danza, volvió a poner en valor el patrimonio inmaterial del Pirineo y de la Jacetania a través de una propuesta que combina la música, la danza y los elementos simbólicos heredados de antiguas celebraciones primaverales. Se trata de una cita plenamente integrada en el calendario cultural de la ciudad, que mantiene su carácter participativo y su vocación de transmisión generacional.
Al igual que el pasado año, se incorporaron varias piezas del disco De la albada a la trasnochada, editado en 2025 con motivo del 50.º aniversario del Grupo Folclórico Alto Aragón. A lo largo de la ronda se escucharon composiciones como Mazurca d’os rondadós de Sinués, Albada de Berdún, Cabezudos y gigantes, Ronda de noche, Sobremesa de Atarés y Pisando la nieve fría, integradas junto al repertorio habitual del Canto de los Mayos.
La ronda comenzó puntualmente a las diez y media de la noche en la casa consistorial con la interpretación de la Rondadera, pieza tradicional en la que se solicita permiso a las autoridades para iniciar el canto. El diálogo ritual con el alcalde, a través de los versos transmitidos por la tradición, marcó el arranque formal de la celebración y dio paso al primer canto de la noche, Alégrate, moza, un himno a la primavera que simboliza el despertar de la naturaleza y el inicio del nuevo ciclo.
A partir de ese momento, la música acompañó de forma ininterrumpida el recorrido por las calles Mayor, Obispo, plaza de la Catedral, calles Bellido y Zocotín y plaza de Ripa. En distintos puntos del itinerario se sucedieron interpretaciones que alternaron canto y baile, configurando un paisaje sonoro reconocible dentro del folclore altoaragonés. En la calle Obispo resonó el Romance caballero, mientras que en la plaza de la Catedral se interpretaron piezas como Alégrate, maya o Pisando la nieve fría, entre otras.
El paso de la ronda estuvo acompañado también por la presencia de elementos simbólicos vinculados a estas celebraciones. Las enramadas —ramas verdes y naranjas colocadas en balcones y verjas— volvieron a aparecer en distintos puntos del recorrido, especialmente en la casa consistorial, la calle del Obispo y la plaza de la Catedral, como gesto tradicional dedicado a las mozas.
El tramo final de la ronda condujo a los participantes hasta la plaza de Ripa, donde se desarrolló uno de los momentos centrales de la noche: la plantada del mayo. El tronco, erguido y adornado con flores, remite a antiguos ritos de fertilidad asociados a la llegada de la primavera y al renacer de la naturaleza. La escena se completó con danzas en torno a las antorchas, reforzando el carácter colectivo y ceremonial del acto.
Como cierre, se interpretó S’ha feito de nuei, la jota-poema de Pepe Lera, coreada en cheso por buena parte del público, que acompañó con palmas y voz una de las piezas más reconocibles del repertorio popular pirenaico. Este momento final, que compartieron los participantes y asistentes, puso el acento en el carácter popular de la celebración.
La ronda concluyó en torno a la medianoche, tras aproximadamente hora y media de recorrido, en la que la música, la tradición y la participación se integraron en una experiencia que mantiene plena su vigencia. La Ronda de los Mayos volvió así a reafirmarse como una de las manifestaciones culturales más significativas de la primavera jacetana.
