ATLETISMO

Alberto Puyuelo tras la experiencia de correr la Vía Romagna, en una imagen facilitada por el corredor jaqués.
Alberto Puyuelo regresó de Italia con una sensación clara del trabajo cumplido. El atleta jaqués finalizó en quinta posición en los 50 km de la Vía Romagna, una de las pruebas más consolidadas del calendario europeo, en una carrera marcada por la exigencia del recorrido y, sobre todo, por las dudas físicas con las que afrontaba la cita.
“Llegaba con muchas dudas”, reconoce el propio corredor, que durante las tres semanas previas arrastró molestias importantes hasta el punto de plantearse no competir. “A falta de dos semanas pensaba que igual no podía correr”, explica, aunque un periodo de descanso de diez días permitió reconducir la situación. Aun así, la incertidumbre se mantuvo prácticamente hasta el último momento: “El lunes y el martes todavía notaba el isquio de la pierna izquierda sobrecargado, pero a partir del miércoles ya me lo empecé a notar mejor. Sabía que estaba en forma, pero con dudas”, explica.
Ese contexto condicionó también su planteamiento de carrera. En una prueba con un nivel sensiblemente superior al de otras ediciones —“más de 25 invitados de Europa, Asia y África, con japoneses, marroquíes o kenianos”—, Puyuelo optó por una estrategia conservadora desde el inicio. El ritmo fue reservado en el grupo de cabeza, que se fue seleccionando hasta quedar reducido a seis o siete corredores antes del punto clave del recorrido.
Ahí aguardaba el tramo decisivo: un puerto de cinco kilómetros al 7% entre los kilómetros 25 y 30. “Sabía que ahí se decide siempre la carrera”, apunta. Fue en esa subida donde el jaqués tomó la decisión que marcaría su resultado final: “Decidí subir a mi ritmo, sobre todo por prudencia, porque las molestias me habían venido de hacer cuestas y bajadas en los entrenamientos”. Una elección que, reconoce, tuvo su coste competitivo: “Creo que fui demasiado prudente. Iba quinto, pero me sacaron mucha distancia los cuatro primeros”.
Pese a intentar reaccionar en la bajada y en los tramos llanos posteriores, la diferencia ya era insalvable. “Intenté apretar, pero vi que no recortaba”, señala. En ese momento, optó por asegurar el resultado y evitar riesgos: “Los últimos diez kilómetros fui a un ritmo constante, sin forzar demasiado para no tener ningún susto”.
El quinto puesto final adquiere mayor valor si se atiende al nivel de los primeros clasificados: la victoria fue para el francés Guillaume Ruel, reciente plusmarquista europeo de la distancia; tras él, dos corredores kenianos ocuparon la segunda y tercera posición, mientras que el cuarto puesto fue para el japonés Haruki Okayama, campeón del mundo de 100 km.
Más allá del resultado, Puyuelo pone el acento en la experiencia. “Estoy bastante contento según cómo afrontaba la carrera. Creo que corrí bastante bien”, resume. El atleta destaca especialmente el ambiente y la dimensión de la prueba: “Había 1.600 participantes porque cierran inscripciones. Es una carrera con muchísima tradición, la 43.ª edición, y con un ambiente que en España no hay en esta distancia. Yo creo que es de las más importantes de Europa”.
También subraya el trato recibido durante su estancia: “Me han tratado muy bien y he conocido a nuevos atletas y organizadores. Ojalá pueda repetir”.
Tras este exigente compromiso, su planificación pasa por bajar la intensidad en los próximos meses. “Ahora correré algunas carreras en plan mantenimiento, descansaré en verano y en otoño buscaré un nuevo objetivo, seguramente en maratón o en 50 km”, concluye.

