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Imagen facilitada por el autor del artículo en la que se muestra el nudo de conexiones proyectado en la nueva variante de Jaca que unirá las autovías A-21 y A-23 a su paso por la localidad.

Cuando la estación internacional de Canfranc, conocida por los lugareños con el sobrenombre de Arañones, estaba a punto de inaugurarse hace un siglo, contaban las crónicas de El Pirineo Aragonésque se cruzaban apuestas sobre si se helarían las naranjas de Valencia a su paso por las cumbres nevadas. La estación, inaugurada en tiempos de Alfonso XIII en una ya profética fecha fatídica para los que esta semana han celebrado la República, el 18 de julio de 1928, se construyó para alarde arquitectónico del ingeniero Fernando Ramírez de Dampierre, con la finalidad de transportar a Europa la fruta procedente del levante español.

Pero las naranjas no se helaron. La realidad es que prácticamente ni siquiera tuvieron la ocasión de hacerlo. La majestuosa obra pública, de la que se decía contaba en su conjunto con tantas vigas como días tiene el año y sólo en su andén principal 114, nunca alcanzó su plenitud. Primero por la guerra civil, después por la segunda guerra mundial y finalmente por el descarrilamiento el 27 de marzo de 1970 de un tren de mercancías cargado de maíz, a causa de un fallo en el suministro eléctrico y el hielo en las vías en el puente francés de L’Estanquet, a 28 kilómetros de Canfranc. El puente nunca ha sido reconstruido con su diseño original, el tráfico quedó interrumpido para siempre y la estación convertida en un gigantesco fantasma palaciego de arquitectura Beaux-Arts, construida a base de hormigón armado, pizarra, hierro, cristal, piedra y cemento, restaurada hoy en día para ser utilizada a modo de parque temático.

Pues bien, como los españoles somos erre que erre y no hay una sin dos, la historia se va a volver a repetir ahora por carretera con la construcción de un colosal scalextric de tres niveles en la zona de San Cristobal, al norte de Jaca, que unirá la autovía A-21 procedente de Navarra con la A-23 de Sagunto. El nudo de carreteras se diseñó hace ya casi 30 años para el transporte pesado de camiones, al estar prevista otra autovía que uniría Jaca con la localidad francesa de Pau. Pero las autoridades del país vecino dijeron, ya en 2003 y también en julio, que “nanai de las naranjas”. Que están dispuestos a reforzar la ruta, pero en ningún caso con una vía de doble sentido para no alterar el protegido valle de Aspe. Vienen a esquiar a sol de nuestra cara sur de los Pirineos y protegen su cara norte.

Estos días se han iniciado los trámites de expropiación forzosa de terrenos para iniciar las obras. Un rosario de cientos de afectados ha desfilado como almas en pena y escrituras en mano por la biblioteca municipal, convertida en vicaría donde han manifestado su indignación mientras el pueblo de Jaca murmura por las calles sin levantar la voz. Temen despertarse los fines de semana con el claxon de los coches y desayunar con mascarillas cuando el cierzo arrecie y la ciudad entera cuente con una negra boina de contaminación. Y todo para el alarde constructor de un par de ingenieros, Manuel Manrique y Pedro Siguenza, responsables de la empresa concesionaria SACIR, y beneficio de sus principales accionistas entre los que se encuentra la más importante empresa de chorizos del país, denunciada por maltrato animal; otra canaria de estaciones de servicios y el principal banco de inversiones a nivel mundial con sello de hombre pero no de barro sino de oro, sede en Nueva York y cuyo principal activo es estar protegida por los dos “prohombres” de hoy en día: Trump y Netanyahu.

Y como no hay dos sin tres, para completar el lote de inútiles infraestructuras de transporte alto pirenaicas ya solo resta construir un helipuerto de pasajeros en la plaza de Biscós, con torre de control allí donde se alzaba en templete de Santa Orosia. Con la ventaja de que en este caso ya no será necesario derribar el santuario de la patrona local donde se abría a los fieles la urna que contiene parte de sus restos todos los 25 de junio, día de su festividad, porque ya en 1968 fue pasto de la voracidad urbanística.

Firmado: ÁNGEL COLODRO, Ángel Cafetero
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