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Altas capacidades (2026)

Duración: 101 min. País: España. Dirección: Víctor García León. Guion: Borja Cobeaga, Víctor García León. Reparto:Marian Álvarez, Israel Elejalde, Juan Diego Botto, Natalia Reyes, Pilar Castro. Música: Camila Rodríguez. Fotografía: Eva Díaz. Productoras: Buena Pinta Media, Think Studio y RTVE.


Víctor García León, habitual de las series televisivas, se ha especializado en el humor inteligente. No cae con facilidad en ese humor zafio y soez, que tan de moda parece estar en las salas de cine de nuestro país. Además, siempre incluye una parte de reflexión y crítica, para analizar el panorama social y político, sin necesidad de parodiar ni de desacreditar a nadie.

La película arranca con una llamada del colegio a unos padres de clase media, tras el comportamiento inapropiado de su hijo. Entonces, sienten la tentación de cambiarlo a un colegio laico de élite, donde podría desarrollar todo su potencial. El cambio implica algo más que lo académico: adentrarse en el ámbito de otra clase social, todo un juego de apariencias y de poder en la esfera educativa. Los padres deciden hacerlo por su hijo, pero, en el fondo, también por ellos mismos.

Los guionistas, Borja Cobeaga y Víctor García León, optan por un tipo ácido de humor, con numerosas escenas de enredo, para mostrar cómo una familia de clase media puede entrar en conflicto con sus propias convicciones. Llegando a contradicciones entre sus aspiraciones personales y sus principios morales. No dejan a nadie a salvo: cargan contra todos los estereotipos de la clase privilegiada (clasistas, xenófobos y adictos a sustancias), y, al mismo tiempo, contra toda la clase trabajadora que ansía trepar en la escala social, aunque sea a base de humillarse, tragar y hacer la pelota a quienes tienen dinero y poseen y ostentan el poder.

Existe un momento crucial en el filme, cuando la crítica apunta a la hipocresía social imperante: competencia feroz en torno a la educación de los hijos. Lo importante no es si aprenden o qué aprenden, sino que lleguen a ser los mejores a cualquier precio, y que los progenitores puedan presumir de ello en sus esferas de relación.



El reparto, es uno de los grandes méritos de esta película, porque los actores no intentan ser cómicos ni hacerse los graciosos —algo demasiado recurrente en el cine patrio—. No se les puede poner ninguna objeción. Todos están excepcionales, y varios de ellos, incluso aparecen fuera de sus registros habituales. También el reparto infantil aparece cuidadosamente mimado y libre de estridencias.

Una comedia ácida y fresca, que retrata las obsesiones educativas más comunes, asociadas al ascenso social. Y un punto de reflexión para familias que estén preocupadas —pero no obsesionadas—, por el futuro académico de sus hijos.

Michael
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