
53 domingos (2026)
Duración: 68 min. País: España. Dirección: Cesc Gay. Guion: Cesc Gay. Obra: Cesc Gay. Reparto: Javier Cámara, Carmen Machi, Javier Gutiérrez, Alexandra Jiménez. Música: Arnau Bataller. Fotografía: Andreu Rebés. Productoras: Imposible Films. Distribuidora: Netflix.
Cuando el humor más sórdido, chabacano y soez está triunfando en taquilla, en ese momento nos encontramos con una joya del cine español. Un film de Cesc Gay que se dedica a mostrarnos el caos emocional de una familia. Tres hermanos deben reunirse en un espacio cerrado, sin escapatoria, para discutir qué hacer con su anciano padre.
No se centra en un conflicto concreto, más bien es la suma de reproches acumulados durante años, las palabras que no se dijeron en su momento, o las frustraciones y heridas que todavía siguen abiertas. Cesc Gay apuesta por un estilo sobrio, totalmente teatral, que a veces nos transporta a la temática de Woody Allen, sobre todo a Hannah y sus hermanas (1986), revelando que las relaciones fraternales pueden ser muy complicadas. Tres actores, demostrando que lo son, aunque hayan estado encasillados, o sin tener oportunidades de demostrar su valía en el cine. Ellos sostienen el alma de la película, aportando innumerables matices, y donde cada uno, ni es culpable ni es inocente. Solo son hermanos que han vivido y evolucionado de formas diferentes, incluso con prejuicios hacia los otros.
Javier Cámara es divertido, irónico y sangriento cuando lanza una frase. Carmen Machi, representa la hermana sensata y cabal, pero evitando el conflicto. Por último, Javier Gutiérrez, que consigue algo tan difícil como que no terminemos de empatizar con él, que nos caiga mal, aunque, en el fondo, reconocemos al hermano que funciona como líder del grupo.
Al comienzo del film todo es muy cordial, reina la educación y las buenas formas. Conforme avanzamos, se desatan, se desinhiben, soltando el pesado lastre que han llevado consigo durante años. Y cuando pensamos que existe una alianza, se desmonta para dar lugar a otra, hasta que el final los desarma, uno tras otro. También es muy interesante el papel de Alexandra Jiménez, quien, mirando al espectador, nos sitúa, explica algunos aspectos o incluso interviene directamente para mediar entre hermanos.
Escaso montaje, donde la cámara se mueve por la casa de uno de ellos, ese espacio cotidiano que se convierte en campo de batalla, donde las ironías, e incluso las puñaladas por la espalda, hacen acto de presencia.
Pero acaso, debamos recordar que estas situaciones solo se generan entre hermanos, donde lo dicho hoy, mañana puede ser perdonado u olvidado. Forma parte de la relación natural. Por supuesto, existe una unión subyacente, demasiado fuerte, permitiendo que estos conflictos ocurran únicamente entre ellos. No siendo posible el hecho de que alguien ajeno a la familia pudiera atacar a ninguno. Porque, por encima de los reproches, egos y discusiones, todavía quedan los hermanos que un día fueron. Film sencillo, sin pretensiones, que se va cargando de emoción, y que su pequeño metraje hace que nos sepa a poco.










