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La Soledad se meció a hombros de los hermanos de la hermandad en homenaje y recuerdo a Valentín Garcés

La procesión del Santo Entierro volvió a situarse este Viernes Santo como el eje central de la Semana Santa de Jaca, el momento en el que confluyen todas las cofradías y hermandades de la ciudad en un único recorrido que recorre, de principio a fin, la Pasión y muerte de Cristo. La comitiva partió a las ocho de la tarde desde la Catedral de Jaca en una de las jornadas más agradables de la semana, con temperatura suave y sin el viento que había marcado los días anteriores, lo que favoreció una notable presencia de público a lo largo de todo el itinerario.

Desde los primeros compases, con la plaza de San Pedro y el entorno de la catedral llenos de vecinos y visitantes, se percibía el carácter singular de esta procesión, en la que participan todas las cofradías. Más de mil cofrades —en torno a un diez por ciento de la población— formaron parte del desfile, una dimensión que, como señala el presidente de la Junta de Cofradías, Carlos Lacadena, define a la Semana Santa jaquesa como “pequeña pero muy completa”, con nueve cofradías y quince pasos, una proporción poco habitual en ciudades de tamaño similar.

El orden procesional fue desplegando de manera secuencial los distintos episodios de la Pasión. Abrió el cortejo la Cofradía de la Entrada de Jesús en Jerusalén con el paso de la Burreta, seguida por la Cofradía de la Santa Cena y la Hermandad de la Oración de Jesús en el Huerto. Tras ellas, la Banda Municipal de Música Santa Orosia marcó el ritmo del avance antes de la llegada de la Cofradía de la Flagelación de Nuestro Señor Jesucristo, con sus tres pasos —Flagelación, Coronación de Espinas y Ecce Homo—, y de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, que sacó la Verónica y el Nazareno, este último portado a hombros.

El tramo central incorporó las Siete Palabras y uno de los momentos de mayor solemnidad con la Real Hermandad de la Sangre de Cristo, que portó a hombros el Cristo de Biscós, escoltado por soldados del Cuerpo de Romanos y gastadores del Regimiento de Infantería de Cazadores de Montaña Galicia 64. La escena remite a la tradición histórica de la hermandad, documentada desde el siglo XVII, cuando ya asumía funciones asistenciales ligadas al acompañamiento de los difuntos y a los ritos de despedida.

A continuación, la Hermandad de Nuestra Señora de la Piedad y Descendimiento con sus dos pasos —El Descendimiento y La Piedad— antes de entrar en escena una de las imágenes más singulares del conjunto: el Cristo de la Cama, una obra de origen novohispano, datada en el siglo XVIII, que únicamente procesiona en esta jornada y que constituye una de las piezas más valiosas del patrimonio religioso aragonés.



Tras la imagen yacente avanzaron las manolas, símbolo del duelo por la muerte de Cristo, y cerró la procesión la Hermandad de la Soledad de Nuestra Señora con la Virgen de la Soledad, en uno de los momentos más cargados de significado del recorrido. Tras ellas, una representación de la Cofradía de Cristo Resucitado y las autoridades, entre ellas el alcalde de Jaca, Carlos Serrano, y el vicario de la diócesis, Fernando Jarne.

Uno de los momentos más emotivos del recorrido se vivió con el paso de la Virgen de la Soledad, mecida a hombros por los hermanos de su hermandad en un gesto que volvió a evocar la memoria del que fuera deán de la Catedral de Jaca Valentín Garcés, figura muy vinculada a la vida religiosa y a las cofradías de la ciudad, que falleció el pasado 20 de febrero. Poco antes, en otro punto del itinerario, la voz de Ricardo Giménez, “Chola”, irrumpió en el silencio con una saeta dirigida al Cristo de Biscós —“al Cristo de los gitanos”—, repitiendo una escena que se ha convertido en habitual en los últimos años y que añade una dimensión íntima y popular al desarrollo de la procesión.

El recorrido discurrió desde la catedral por las calles Obispo, Carmen y Campoy Irigoyen, pasando por la iglesia de Santiago, para continuar por Ferrenal, la plaza Marqués de Lacadena, Ramón y Cajal y Mayor hasta el monasterio de las Benedictinas, donde concluyó la procesión. A lo largo de todo el trayecto, el público acompañó en silencio, generando una atmósfera de recogimiento que reforzó el carácter colectivo del acto.

Cofradías, hermandades y pasos que han participado en la procesión del Santo Entierro, a su paso por la iglesia de Santiago. EL PIRINEO ARAGONÉS

Un Vía Crucis en movimiento

En ese punto intermedio del recorrido, la iglesia de Santiago adquiere una dimensión que trasciende lo estrictamente patrimonial. Levantada como uno de los templos más antiguos de la ciudad y vinculada desde sus orígenes al Camino de Santiago, su entorno dio forma a uno de los burgos medievales surgidos al paso de los peregrinos. A pesar de las transformaciones posteriores, conserva elementos que remiten a su raíz románica y a su función de acogida.

Esa vinculación histórica encuentra un eco simbólico en la propia procesión. Si el Camino conduce al peregrino hacia Compostela, el Santo Entierro traza otro itinerario, interior y colectivo, en el que las escenas de la Pasión avanzan hacia la Resurrección. En ese paralelismo, la iglesia de Santiago se configura como un lugar de paso y de lectura: un espacio donde confluyen el camino físico del peregrino y el recorrido espiritual que cada año se actualiza en la Semana Santa.

El pregón de este año, a cargo de Toño L’Hotellerie, ya situaba esta procesión como el momento de convergencia de toda la Semana Santa jaquesa, subrayando su carácter colectivo y la solemnidad del rito en torno al relato evangélico de la crucifixión, muerte y sepultura de Cristo. La imagen del sepulcro sellado y la presencia de las mujeres ante él encuentran su reflejo en el desarrollo del desfile, marcado por el recogimiento y la continuidad de una tradición que, documentada desde el siglo XVII, sigue articulando buena parte de la identidad local.

La procesión del Santo Entierro volvió así a proyectarse como un Vía Crucis en movimiento que discurre por el corazón de la ciudad uniendo historia, devoción y participación ciudadana.

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