La procesión del Silencio volvió a recorrer las calles de Jaca en la noche del Martes Santo con su lenta cadencia, ajustada al tránsito simbólico de Cristo hacia el Calvario. Un discurrir pausado en el que el silencio —rasgo esencial de esta cita— solo se vio interrumpido por el sonido grave y persistente de los bombos y tambores, como una llamada que acompaña el avance de la tragedia.