
El Monasterio de las Benedictinas en una imagen histórica de Joaquín Gil Marraco.
A la vista de los acontecimientos que están sucediendo en el convento de las Benitas, no es momento de titubeos en la defensa del patrimonio de la ciudad. El 27 de enero de 2026, la Dirección General de Patrimonio Cultural del Gobierno de Aragón minimizó el valor del monasterio al declararlo, aunque de forma provisional, Bien Catalogado del Patrimonio Cultural Aragonés. Me parecería increíble si no hubiera visto con mis propios ojos el logotipo del Gobierno de Aragón en la resolución.
¿Qué inocentada es esta, si en su interior se encuentra el sarcófago de doña Sancha, declarado Bien de Interés Cultural en 2014? ¿A qué viene ahora esta infravaloración de categoría y protección del conjunto monástico cuando todo él está integrado en el núcleo del casco antiguo e histórico de Jaca, declarado a su vez BIC en 2010? ¿Va a ser más importante la ermita de San Miguel de Abós, declarada BIC y dejada de la mano de Dios, que las Benitas? No se comprende esta resolución, a todas luces decepcionante, carente de sensibilidad hacia la ciudad e injusta con un legado patrimonial forjado a lo largo de cerca de mil años.
Entre las medidas de tutela y protección inherentes a la citada resolución se incluyen futuribles y condicionantes que auguran un porvenir incierto y confuso: “se deberá mantener la estructura en lo posible”; “se procurará devolver a las cubiertas su estado original”; “se podrán adoptar otros criterios siempre que queden plenamente justificados…”. Estas y otras medidas de tutela nos hacen dudar tanto de su eficacia como de su cumplimiento, puesto que no excluyen de forma terminante actuaciones futuras que alteren, amplíen o modifiquen el estado actual del monasterio, máxime cuando no está clara la ejecución del futuro hotel de cuatro estrellas para el que se expidió hace dos años licencia de obra.
Por consiguiente, exigir la declaración de Bien de Interés Cultural para el monasterio (reconocimiento por el que viene trabajando la Asociación Sancho Ramírez desde el pasado 26 de mayo especialmente, tras la presentación en plazo y forma de las alegaciones a la reciente resolución) no solo responde a la responsabilidad moral que tenemos como jaqueses, sino que, de lograrse, supondría un paso decisivo y garantizaría que el monasterio abriera sus puertas al público.
Y es que el asunto no comenzó de la mejor manera. Más bien, al contrario. Con precipitación y sorpresa, el 3 de mayo del pasado año, las monjas (que habían esperado con ilusión la venida de las compañeras benedictinas de Estella y Alzuza) anunciaron, de un día para otro, su salida de Jaca. Precisamente cuando varios investigadores estaban preparando un libro sobre la historia de la institución benedictina por encargo de las propias monjas, que está pendiente de ser publicado próximamente.
Como colofón, el pasado 16 de marzo, ignorando al señor alcalde (quien manifestó que el archivo “nunca debió haber salido”), a la Asociación Sancho Ramírez, y en definitiva a los ciudadanos de Jaca, se firmó un contrato de comodato entre el Gobierno de Aragón y la Congregación de Santa Hildegarda para trasladar los fondos documentales al Archivo Histórico Provincial de Huesca. ¿El motivo? Garantizar su conservación, estudio y digitalización en condiciones adecuadas. ¿No supone esta actuación una desconfianza y una marginación evidentes hacia la ciudad de Jaca? Sin cuestionar el buen hacer de los técnicos del Archivo Provincial, se ha echado y se echa en falta un diálogo institucional con el Ayuntamiento y la posibilidad de colaboración con los archivos de Jaca, diocesano y municipal, con el objetivo de que los fondos documentales se conservaran en Jaca. ¿Se contará de una vez por todas con la ciudad para algo más que para ser un convidado de piedra? ¿Cuál será el siguiente paso?
Conviene recordar: que antes de la llegada de las monjas a Jaca en 1555, es muy probable que en ese lugar existieran restos de la Iacca ibera del siglo II a. C., junto a restos romanos, ambos de gran potencial arqueológico; que el monasterio actual se levantó sobre la cripta e iglesia románica de San Ginés y el palacio de Ramiro I; que las murallas medievales (hoy el mejor paño conservado), integradas en el conjunto, protegieron a las propias monjas; y que fue el Concejo jaqués el que quedó prácticamente en la indigencia tras sufragar con sus propios recursos la construcción del nuevo monasterio a su llegada a la ciudad.
Además, dados los estrechos vínculos que las benedictinas han mantenido con Jaca (ritos orosianos, romerías, hermandad de San Blas, monumentos de Semana Santa, labor educativa, retiros de cuaresma, etc.), la Asociación Sancho Ramírez, partidaria de la continuidad de estas tradiciones, propone la creación de una fundación o consorcio y la puesta en marcha de un nuevo espacio museístico. De este modo, aparte de poder visitar el monasterio, se podría admirar el sepulcro de doña Sancha junto al centenar de piezas de arte mueble que alberga el convento.
Nada de ello sería novedoso. En cierta medida, supondría recuperar el espíritu de aquel primer museo románico que existió en el monasterio entre 1934 y 1947: un auténtico hito cultural para la ciudad y primer museo románico de Aragón, donde se exhibían piezas procedentes de los alrededores de Jaca y de su diócesis, con el sepulcro de doña Sancha como eje central, bajo la abnegada custodia de las propias monjas.
Quiero, con estas palabras, no ser cómplice del silencio y evitar, en lo posible, errores que en el pasado condujeron a imperdonables pérdidas del patrimonio jaqués. Baste recordar, por citar solo tres ejemplos, el derribo de las murallas en 1915, la demolición del Templete ecléctico-modernista de Santa Orosia en 1968 y la desaparición de la iglesia barroca de la Purísima Concepción de los escolapios en 1984.
Firmado: VALENTÍN MAIRAL LÓPEZ (Asociación Sancho Ramírez)
