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Francisco Ferrer Lerín: del naturalismo militante a la visión ecológica de Metazoa

Uno de los ejes de Metazoa es la reconsideración de la necrofagia como proceso esencial para el mantenimiento del equilibrio biológico. JORGE RUIZ DEL OLMO

La reciente publicación de Metazoa, presencias faunísticas, editado por Jekyll & Jill, permite situar en una perspectiva más amplia la obra creativa de Francisco Ferrer Lerín. Su escritura —poética, narrativa y ensayística— ha mantenido desde sus orígenes una atención constante hacia el mundo animal, los procesos biológicos y la relación entre la muerte y la continuidad de la cadena vital.

La aparición del volumen invita también a releer dos artículos publicados por el autor en El Pirineo Aragonés en marzo y abril de 1970 —Protección a la naturaleza y ¿Por qué no se pueden cazar aves de rapiña?— como formulaciones tempranas de una visión ecológica que atraviesa toda su obra. En ellos se anticipa una concepción de la naturaleza como sistema autónomo, regido por procesos materiales de transformación y equilibrio, donde las aves carroñeras desempeñan una función esencial.

El nuevo libro reúne textos en su mayor parte inéditos en papel, muchos procedentes de sus espacios digitales —el blog El Boomerang y su blog personal—. En todos ellos la presencia animal aparece no como un motivo decorativo, sino como núcleo de un pensamiento y una experiencia literaria que es inherente a la personalidad de Ferrer Lerín.

Los artículos publicados en 1970 muestran ya una posición claramente definida ante la relación del ser humano con el mundo natural. En un contexto marcado por la industrialización acelerada, la expansión de la caza deportiva y la escasa conciencia ambiental, el escritor defendía el valor científico, ecológico y cultural de la fauna salvaje y denunciaba su persecución sistemática.

En ¿Por qué no se pueden cazar aves de rapiña? afirmaba que “la naturaleza no es ni un “western” ni un tratado de ética”, cuestionando la tendencia humana a juzgar los procesos naturales desde categorías morales. El texto proponía una inversión radical de la imagen cultural del depredador: las aves de rapiña dejaban de ser consideradas especies dañinas para convertirse en elementos imprescindibles del equilibrio ecológico.



El autor recordaba la función que desempeñan los buitres, quebrantahuesos, alimoches, milanos, cuervos, zorros y demás carroñeros en el medio natural, responsables de eliminar animales enfermos y evitar la propagación de plagas. Advertía, además, que “no es permisible variar el ciclo de la naturaleza mutilando del mismo los encargados de la limpieza”, término con el que definía a estas especies.

En Protección a la naturaleza ampliaba esta reflexión. Denunciaba el “desprecio inmemorial hacia la fauna salvaje” y alertaba de la destrucción del medio causada por la industrialización y la presión cinegética. Estos procesos habían provocado, señalaba, “una brutal caída en las poblaciones de carroñeros”.

Ambos textos defendían una concepción sistémica de la naturaleza basada en la interdependencia de las especies y en la continuidad de los procesos biológicos. El ser humano aparecía integrado en ese sistema, no situado por encima de él. Leídos hoy, constituyen el núcleo conceptual de una visión materialista que siempre ha estado presente en su obra literaria.

El animal como centro de la experiencia literaria

La presencia animal constituye uno de los rasgos definitorios de la escritura de Ferrer Lerín. Su obra integra observación científica, reflexión filosófica y exploración literaria en torno a la vida orgánica, la muerte y los procesos de transformación biológica.

En Metazoa, título que remite al reino animal en su sentido biológico, el autor propone una mirada que sitúa al ser humano dentro de la continuidad material de los organismos vivos. El volumen se estructura en seis grandes apartados —Amphibia, Aves, Invertebrata, Mammalia, Reptilia y Varia—, que reproducen una clasificación zoológica deliberadamente sistemática.

La edición, al cuidado de Víctor Gomollón, incorpora pequeñas ilustraciones zoológicas que refuerzan el carácter enciclopédico del conjunto. Incluye también un separador con la imagen de una torre del silencio y una definición procedente de The Century Dictionary (1895), además de una cita en recuerdo del profesor José Luis Falcó Gens.

Dentro del conjunto, la sección dedicada a las aves ocupa un lugar central por su extensión y por su densidad conceptual.

Cubierta de Metazoa, presencias faunísticas, editado por Jekyll & Jill.

La necrofagia, principio ecológico

Uno de los ejes del libro es la reconsideración de la necrofagia como proceso esencial para el mantenimiento del equilibrio biológico. Ferrer Lerín describe el papel de las aves carroñeras como agentes de reciclaje de la materia orgánica y mediadores entre la muerte y la regeneración.

Recuerda cómo los cadáveres animales “desaparecían en minutos gracias a los buitres y otros carroñeros”, integrándose de forma inmediata en la cadena trófica. Los muladares tradicionales constituían espacios donde “los necrófagos disponían de comida”, garantizando el funcionamiento del sistema natural.

La reflexión cuestiona cualquier jerarquía entre especies. El autor llega a señalar la presencia de “derivados humanos en la dieta de aves pirenaicas”, integrando al ser humano en el mismo circuito de transformación biológica.

La sección Aves, la más extensa del volumen, reúne piezas como Calamita, Una luz, Monocultivo, Me adapto, Ouka Leele, Exceso y carencias de higiene, Lamentables vacilaciones o Granizado de sangre. En ellas la observación zoológica se combina con la reflexión cultural y la experiencia personal.

Estos textos documentan la transformación del paisaje rural y la desaparición de prácticas tradicionales vinculadas al aprovechamiento natural de los restos animales. El autor describe la clausura de muladares y la industrialización de la gestión de residuos, señalando que “se clausuraron los grandes muladares” y que los cuerpos que antes se reintegraban al sistema natural pasan ahora a ser tratados como residuos.

El libro recoge también episodios de observación directa del comportamiento animal —“los buitres bajan (del cielo) a comer (despojos de carnicería y matadero) en torno a la mesa”— y describe la cadena trófica con precisión naturalista: “el cadáver humano ya había sido ramoneado por córvidos, zorros y pequeños necrófagos”.

Entre los textos más significativos figura Torres del silencio, donde el autor aborda el sistema funerario zoroástrico como ejemplo cultural de reintegración del cuerpo en el ciclo natural.

En la tradición zoroástrica, los cadáveres eran expuestos a las aves carroñeras para evitar la contaminación de los elementos naturales y garantizar la reintegración de la materia orgánica en el orden cósmico. Las torres del silencio constituían espacios rituales donde los buitres actuaban como agentes purificadores.

La inclusión de este motivo en Metazoa refuerza la dimensión simbólica del proyecto de Ferrer Lerín. La necrofagia aparece como mecanismo de limpieza biológica y la muerte como proceso de transformación material.

Su concepción ecológica converge así con la lógica ritual zoroástrica: el buitre como el mediador entre la muerte y la renovación del ciclo de la vida, la materia como elemento en circulación y el equilibrio natural como principio regulador.

Torre del silencio, imagen y texto del separador de páginas que se incluye en el libro.

Otros textos del libro examinan la transformación del territorio pirenaico y sus consecuencias sobre la fauna salvaje. La desaparición de las prácticas ganaderas tradicionales, la expansión de la agricultura intensiva o la explotación turística aparecen como factores que alteran las dinámicas ecológicas.

El escritor observa estos procesos con una mirada que combina precisión científica y memoria del paisaje, documentando la alteración de los sistemas naturales y sus efectos sobre las especies carroñeras.

Una escritura de largo aliento

El proyecto literario de Ferrer Lerín se caracteriza por una escritura de largo desarrollo, basada en la acumulación de observaciones, la precisión terminológica y la continuidad argumental. Sus textos avanzan mediante la descripción minuciosa, la digresión reflexiva y la integración de datos científicos, experiencias personales y referencias culturales.

Esta forma de narrar reproduce el ritmo de la investigación naturalista. La escritura se convierte así en instrumento de conocimiento del orden natural.

La lectura conjunta de los artículos de 1970 y de Metazoa permite observar la coherencia de un proyecto intelectual mantenido durante décadas. La defensa temprana de las aves carroñeras, la crítica a la destrucción del medio natural y la atención a los procesos biológicos aparecen como fundamentos de una poética centrada en la transformación de la materia.

El mundo animal para Ferrer Lerín no es únicamente objeto de observación, sino el escenario donde se manifiestan los procesos esenciales de la vida: nacimiento, degradación, desaparición y renovación.

La publicación de Metazoa, presencias faunísticas confirma la vigencia de una obra que ha mantenido una singular coherencia temática y conceptual. La centralidad del mundo animal, la reivindicación del equilibrio ecológico y la presencia de la torre del silencio como imagen simbólica permiten releer los textos tempranos de Ferrer Lerín como anticipación de una preocupación constante por el destino material del cuerpo y por el papel regulador de los procesos naturales.

El volumen amplía un universo literario donde la observación científica, la reflexión filosófica y la experiencia poética convergen en una misma indagación sobre la vida orgánica y su transformación.

Francisco Ferrer Lerín. FRAN FERRER

Ouka Leele

En Jaén, en enero de 2011, durante unas jornadas dedicadas a la fotografía y a la literatura, propongo a Ouka Leele rodar, en el Prepirineo oscense, un cortometraje, de posible título Una entrevista, cuyo contenido le avanzo. Parece entusiasmada, pero pocos días después, ya ella en Madrid y yo en Jaca, cuando le envío la sinopsis del guion y fotografías de diversas carroñadas, se asusta y renuncia.

 

La entrevista

En el monte: una mesa rectangular y dos sillas.

En un extremo de la mesa el entrevistador. Ouka Leele caracterizada de periodista hombre.

En el otro extremo el entrevistado: yo mismo, famoso recogedor de cadáveres de animales y humanos atropellados.

Los buitres bajan (del cielo) a comer (despojos de carnicería y matadero) en torno a la mesa en la que se hallan entrevistador y entrevistado imperturbables.

Los buitres se han ido. El entrevistador y el entrevistado siguen a lo suyo pero al aproximarse la cámara se descubre que les faltan pedazos de carne en las manos y en el rostro.

Francisco Ferrer Lerín. Metazoa, presencias faunísticas. Aves, página 31.

Buitres alimentándose de un cadáver de oveja. JORGE RUIZ DEL OLMO
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