La Semana Santa de Jaca avanza este año marcada por la inestabilidad del tiempo, como si el viento —presente desde la inesperada nieve del Domingo de Ramos y la amenaza de lluvia de la tarde de este miércoles— se hubiera convertido en un hilo conductor de la celebración. Una imagen que remite, de forma simbólica, al mito de Pandora: todos los males liberados en forma de un soplo invisible que altera el orden humano, mientras en el fondo permanece retenida la esperanza. Ese “viento de la esperanza”, que no llegó a escapar, introduce una ambigüedad que atraviesa también la Pasión. Un viento que no se impone ni se manifiesta con estridencia, sino que exige ser buscado, invocado desde el interior, como una respiración que acompaña al ser humano en medio de la adversidad.