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Una batalla tras otra (One Battle After Another, 2025)

Duración: 161 min. País: Estados Unidos. Dirección: Paul Thomas Anderson. Guion: Paul Thomas Anderson. Novela: Thomas Pynchon. Reparto: Leonardo DiCaprio, Sean Penn, Benicio del Toro. Música: Jonny Greenwood. Fotografía: Michael Bauman. Productoras: Warner Bros., Ghoulardi Film Company. Distribuidora: Warner Bros.


La última película de Paul Thomas Anderson, Una batalla tras otra, ha llegado precedida de gran revuelo mediático, tras alzarse con nada menos que seis premios de la Academia de Hollywood: Mejor Película, Dirección, Guion Adaptado, Montaje, Casting y Mejor Actor de Reparto para Sean Penn. Considerada por la crítica como una de las grandes favoritas de la temporada, el público, sin embargo, no ha tardado en mostrar su distancia con el entusiasmo académico.

La cinta se presenta como una reinterpretación libre, más bien una reinspiración de la novela Vineland(1990), obra del escritor Thomas Pynchon, autor vinculado a la cultura pop y conocido por su mirada lúcida sobre los movimientos radicales de los años 60. La trama sigue a Bob Ferguson (Leonardo DiCaprio), un antiguo revolucionario, que, alejado de la lucha, se ve arrastrado de vuelta a la acción. Ferguson es un antihéroe derrotado por el tiempo, atrapado entre sus ideales juveniles y una realidad que le resulta hostil. La película actualiza el espíritu de la novela, para abordar temas como la tensión política, el racismo estructural o la violencia institucional. Todo ello, envuelto en una atmósfera densa y opresiva.

Anderson apuesta por un estilo vibrante: persecuciones, trepidante montaje, y su banda sonora de jazz, que intenta dotar de ritmo a cada secuencia. Sin embargo, estas buenas intenciones pronto chocan con una ejecución problemática. La película se lastra con un prólogo excesivamente largo, que aporta muy poco al conjunto. Y su guion pierde el rumbo en numerosas ocasiones, enredado en un cúmulo de gritos y diálogos impostados. El tono humorístico, además, resulta forzado, ya que muchos chistes carecen de gracia o parecen pensados para un público que solo el director imagina.

Leonardo DiCaprio intenta ser una especia de “el gran Lebowski”, pero se halla muy lejos de acercarse a la complejidad que los hermanos Coen consiguieron con la interpretación de Jeff Bridges. Por su parte, Sean Penn, aunque solvente, no alcanza el nivel que justificaría un premio de esta magnitud. Penn y DiCaprio se encuentran ya bastante desfasados.



Como ya llevamos insistiendo desde hace tiempo, no sabemos cuándo los premios corresponden con un signo artístico o político. Porque Anderson aprovecha el film para cargar contra el trumpismo, la represión policial y las políticas migratorias. Y también el peligro de blanquear o suavizar movimientos como los Black Panthers o Antifa. Pretende ser corrosiva, incisiva y crítica. Pero se desarrolla de modo pueril, sin profundidad, con personajes y tramas que quedan desdibujados en semejante metraje. Los aspectos técnicos, realmente son impecables. Sobre todo, su montaje, muy de acuerdo con su premio. No así con el resto de Oscars.

Sin piedad
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