Una campaña solidaria busca hacer posible la subida a Oroel de Quique Grávalos en silla Jöelette y dejar un legado inclusivo

Quique Grávalos chequeando la silla Jöelette, un dispositivo diseñado específicamente para senderismo y montaña que permite transportar a personas con movilidad reducida, en una imagen facilitada por los promotores de la iniciativa.
La silueta de la Peña Oroel forma parte del paisaje cotidiano de Jaca, pero también de su identidad. Visible desde prácticamente cualquier punto de la ciudad, su perfil recortado hacia el sur no es solo una referencia geográfica, sino un símbolo que desde hace siglos trasciende generaciones. Subir a su cruz —a 1.769 metros de altitud— es, para muchos jaqueses, una experiencia iniciática, casi un rito que conecta con el territorio y la propia identidad personal.
Desde su cima, la mirada se abre en un amplio balcón natural sobre la Jacetania: el valle del Aragón se despliega a sus pies, desde Sabiñánigo hasta la Canal de Berdún, mientras en el horizonte se recortan algunas de las cumbres más representativas del Pirineo central, como el Monte Perdido, Collarada o el Midi d’Ossau. También Jaca aparece, cercana y reconocible, como si la montaña devolviera la mirada a quienes la contemplan desde abajo.
Ese vínculo emocional con Oroel es el que da sentido a la iniciativa impulsada por Quique Grávalos, vecino de Jaca afectado por la enfermedad degenerativa de Duchenne, que ha lanzado una campaña de recaudación de fondos para hacer realidad un reto personal y colectivo: alcanzar la cruz de la Peña Oroel con una silla adaptada y abrir el camino a que otras personas con movilidad reducida puedan hacerlo en el futuro.
Un reto personal convertido en proyecto colectivo
“Desde pequeñito siempre miraba la Peña Oroel… sabiendo en el fondo que desde su cruz nunca la podría contemplar”, explica Grávalos en el mensaje con el que ha presentado la iniciativa. Frente a esa resignación, ahora plantea un cambio de perspectiva: “Lo imposible también se enfrenta y se intenta… yo lo tengo claro: la voy a subir”.
La subida está prevista para el próximo 16 de mayo y contará con la participación de personas afectadas por Duchenne —“duchennitos”, en sus propias palabras— junto a un amplio dispositivo humano formado por voluntarios de Cruz Roja, del Ejército de Tierra (GMAM, EMMOE y el Regimiento de Cazadores de Montaña Galicia n.º 64), asociaciones como Con otro sentido, además de vecinos y amigos de Jaca.
El objetivo no es únicamente alcanzar la cima, sino hacerlo “con quién subes a Oroel”, en una experiencia que pone el acento en el acompañamiento, la superación y el propio reto colectivo.
Una silla Jöelette para abrir caminos a la inclusión
Para hacer posible la ascensión, el proyecto se apoya en el uso de una silla Jöelette, un dispositivo diseñado específicamente para senderismo y montaña que permite transportar a personas con movilidad reducida por terrenos irregulares mediante un equipo de apoyo.
La campaña de crowdfunding tiene un doble objetivo: por un lado, cubrir los costes de la subida —transporte, alojamiento del equipo experto, formación en el manejo de la silla y logística— y, por otro, adquirir una silla que será donada al Ayuntamiento de Jaca para su uso público.
El presupuesto estimado se sitúa en torno a los 5.500 euros, de los cuales unos 4.000 corresponden a la adquisición de la silla, mientras que el resto se destinará a gastos organizativos y de gestión.
Esta donación permitirá que, una vez finalizado el reto, cualquier persona con dificultades físicas pueda acceder a espacios naturales del entorno que, de otro modo, resultarían inaccesibles.
Una iniciativa con recorrido y experiencia previa
La propuesta no parte de cero. Durante la última edición de la carrera solidaria Jaca lucha contra Duchenne, que en 2025 reunió a más de 1.300 participantes, ya se probó este tipo de silla y se estableció contacto con equipos especializados.
A partir de esa experiencia, se ha configurado un grupo multidisciplinar con conocimientos en montaña, asistencia sanitaria y manejo técnico de la Jöelette, que acompañará la subida y garantizará su desarrollo en condiciones de seguridad.
“Para un chico de Jaca subir a la Cruz de Oroel por primera vez es algo muy especial”, señala Grávalos, que subraya además el valor colectivo del proyecto: “Puede ser una oportunidad para todas las personas que con esta silla podrán disfrutar de múltiples zonas de nuestro valle a las que antes no podían llegar”.

